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Opinión
martes 20 de diciembre de 2016, 02:00

Una muñeca inflable para el ministro

Brigitte Colmán – @lakolman
Por Brigitte Colmán

En Chile le regalaron una muñeca inflable a un ministro.

Ocurrió acá cerquita, y aunque fue un gran escándalo, por un rato nos sentimos igualados en la vergüenza que nos hacen pasar las autoridades y políticos que nos tocaron en (mala) suerte. Como se dice, "mal de muchos, consuelo de tontos".

El regalito con el que sorprendieron al ministro chileno de Economía, Luis Felipe Céspedes, generó un tsunami de indignación en su país y en el resto del mundo civilizado.

El bochornoso hecho sucedió después de una reunión de la Asociación de Exportadores de Manufactura (Asexma), donde entregaron premios a los funcionarios y personalidades. Aparentemente quisieron ponerle onda al evento, pero la sorpresita se les fue de las manos.

La muñeca inflable en cuestión fue el regalo del empresario Roberto Fantuzzi, para "estimular la economía". Y la foto que recorrió el universo digital mostraba al ministro acompañado de otros funcionarios muy sonrientes.

Después del escándalo, el empresario pidió disculpas: "Me equivoqué", dijo, y agregó que trataban de ponerle un ingrediente de alegría al país, y finalizó con un "me equivoqué y pido perdón, qué más voy a hacer".

Chiste machista. Como era de esperar, la presidenta Michelle Bachelet se enojó muchísimo y reclamó en un tuit: "La lucha por el respeto a la mujer ha sido un principio esencial en mis dos gobiernos. Lo ocurrido en la cena de Asexma no se puede tolerar".

Y desde el Ministerio de la Mujer también bajaron línea: "Lamentamos el regalo. Hay que promover la economía, pero no se debe seguir usando a mujeres como objeto sexual para chistes machistas". Hasta el ex presidente Piñera opinó en Twitter: "Regalo de Asexma a ministro de economía: una muñeca inflable para estimular la economía, refleja una vulgaridad y ordinariez inaceptable".

Después de ver las reacciones de la presidenta Bachelet y de un ex presidente, ya no nos sentimos tan igualados. Porque cuando en Chile un evento tan desafortunado como el de la muñeca inflable sucede, arde Troya y los responsables deben pedir disculpas.

En cambio, en el Paraguay, el presidente insulta a las mujeres paraguayas, como aquella vez cuando dijo lo de que Paraguay es como una mujer fácil y bonita, y no pasa nada, no pasó nada.

Y sí, los chilenos tienen buen vino y a Alexis Sánchez, pero no tienen ni para empezar con la vergüencita que nos provoca a los paraguayos nuestro impresentable.

Gracias a él, en el rubro "frases machistas" les ganamos por goleada.