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Deportes
jueves 13 de octubre de 2016, 01:00

Una luz a mitad de camino

Del velorio ante Colombia, a los toques de calidad y fantasía que hacen soñar de nuevo con Rusia 2018. Sin hombres grandes, pero rápidos para jugar a ras del césped, la escuela con la que todos los días y noches sueña Francisco Arce, desde aquel infructuoso ciclo del 2011 y que hoy lo impone a fuerza de reveses para ver la luz a mitad de camino. La victoria nos hace grandes y más contra Argentina.

Somos insensatos, pero esta vez me incluyo solo yo. Muchos son solo oportunistas que se suben al carro triunfador con el diario del día siguiente. Pocos valoran la esencia del fútbol que pregona Arce, me incluyo, porque solo somos hinchas de resultados.

Lo de Arce trasciende la esfera del simplemente fútbol. Es un fenómeno social y está imponiendo su sello personal, casi sin que nos demos cuenta. Es una cuestión cultural que vino para quedarse y evolucionar el centro cabeza y gol, al juego de toque para siempre. Solo es cuestión de tiempo y pronto se masificará.

Las doloras caídas ante Uruguay y Colombia enseñaron que está agotado el esquema del “tranque y chute” solamente, es hora de intentar jugar bien y ganar. El Chiqui lo hizo con los que saben tratar la esférica. Está fogueando a una camada de jugadores que tal vez muy pronto sean los mejores de su generación y estamos a las puertas de unos grandes resultados. Tal vez no sea para Rusia 2018, aún tengo mis dudas, pero en cuatro años este equipo ganará títulos si se respeta el proceso que se está sembrando.

Desaparecieron los detractores, aquellos que solo juegan con los resultados negativos. Es cierto, todos queremos ganar, pero, ¿a qué precio? Prefiero a este, al de la elegancia. Nunca antes había visto a una Albirroja que hiciera tantos toques contra Argentina.

Arce había agarrado un equipo resquebrajado tras la Copa América Centenario, aquel que con Ramón Díaz casi había ganado a Brasil, pero no pudo. Contra Chile mostró que en la pizarra se empiezan a ganar los partidos, no a los tumbos y a lo que salga. En Uruguay, el maestro Tabárez le ganó la partida en el tablero de ajedrez que tuvo como fichas claves a Arévalo Ríos, Cavani y Suárez. Lo de Colombia fue un desconcierto, porque en 15 minutos Pékerman lo liquidó con su figura de tres volantes, que habían renunciado a jugar al fútbol bonito.

Arce lo aprendió. Ganó con justicia y de nuevo en la pizarra, en la figura táctica, la de los “livianos o ligeros”, como quieran, yo prefiero con jugadores de calidad y que saben jugar. “Que la gente nos tenga paciencia”, dijo el DT tras el partido. “Las cosas pasan por algo, si cometimos errores hay que aprender de ellos, por eso hoy hicimos algo diferente”. Claro que sí, Chiqui.

Sostengo que el fútbol que pregona Arce debe quedarse y, como dijo un colega antes del partido: “Con Argentina, será un antes y un después”; y así lo es, afortunadamente se ve una luz a mitad de camino a Rusia 2018.