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Opinión
sábado 14 de enero de 2017, 02:00

Una bella lección de valentía y dignidad

Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

En una sociedad en la que todo parece programado para obligarte a decir sí, es muy bueno que a veces aparezcan personas que dicen no... por más que eso implique tener que pagar un alto costo.

Cuando en instituciones públicas y programas del Estado aparecieron las planillas que buscaban firmas para pedir la enmienda de la Constitución, pretendiendo la reelección del presidente Horacio Cartes (actualmente prohibida por la Constitución), fue inevitable asociar el hecho con las prácticas habituales de la dictadura stronista, cuando se presionaba a los funcionarios estatales a firmar adhesiones al tirano, bajo amenaza de ser despedidos o castigados si se negaban a hacerlo.

En esta ocasión empezaron a llegar a las Redacciones de los medios numerosas denuncias de funcionarios públicos que aseguraban sentirse coaccionados a firmar las planillas pro reelección, pero pedían permanecer en el anonimato, explicando que temían ser víctimas de represalias.

Fue una funcionaria de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), Claudia Martínez Tamás, la primera en decir públicamente no. Con un cartel que rezaba: "Aquí no se firma planilla, aquí se respeta la Constitución Nacional y se trabaja", desafió al presidente Cartes: "Vení con tu planilla a la ANDE, intentá obligarnos a firmar por tu reelección. ¡Te esperamos, pero para denunciarte!".

Pero Claudia es una reconocida luchadora sindical, por tanto su digna postura resultaba lógica y esperada. Lo sorprendente hubiera sido que se quedara callada. Además, su condición de gremialista le concede cierta protección ante las represalias.

La sorpresa saltó en otro lugar, en el Hospital Los Ángeles de Ciudad del Este, dependiente de la Fundación Tesãi, financiada por Itaipú, donde un estudiante de Medicina, Bruno Saldaña Garay, denunció que el miércoles 11 de enero lo despidieron de su trabajo tras haberse negado a firmar una de las planillas.

Su rotunda frase "¡Yo no firmé!", estampada con un grueso marcador al pie de la notificación de rescisión de su contrato, se volvió un símbolo de heroísmo cívico y un gesto de dignidad. Desde el oficialismo intentaron desmentir la denuncia, alegando que ya habían decidido despedirlo antes por irresponsable y por violento, pero los argumentos resultan poco creíbles ante la contundencia de los hechos.

Bruno Saldaña Garay es el mismo que en abril de 2016 se hizo conocido por "Papá a los 20", una emotiva carta que le escribió a su hija Larisa, y que se volvió viral en internet. Esta vez sus reflexiones tienen una inevitable connotación política, pero sobre todo humana, al explicar: "No necesito vender mi dignidad a cambio de un plato de comida".

Por defender sus principios, Bruno prefirió quedarse sin trabajo. Aun con todos los defectos que le puedan encontrar, este chico nos ha dado una lección de valentía y dignidad, que nos permite creer en un Paraguay mejor.