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Opinión
domingo 5 de junio de 2016, 01:00

Tape vai

Por Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

La concesión por 30 años más de la explotación de la ruta 7 para el consorcio Tape Porã es legal, pero profunda y aviesamente ilegítima.

Es ilegítima porque está basada en una trampa perpetrada en el que debería ser el más importante cuerpo deliberativo del país: el Senado.

En la Cámara Alta se montó un esquema de absoluta desvergüenza. Se hizo pasar por verdad una mentira. Jamás existió la mayoría que necesitaba la empresa para gozar de este monopolio de hecho.

Bajo el peregrino argumento de que no se pudieron contar bien los votos porque se hacía a mano alzada, se cometió un acto que bordea el expolio. En plena era informática no se puede producir semejante error. (si es que lo fue). Ahora, todas las votaciones donde hubo un resultado ajustado y que se hicieron a mano alzada están, como mínimo, sospechadas. Si no fuese por la tardía avivada de los senadores opositores al cartismo, la mentira iba a quedar como verdad indiscutible.

De todos modos, por acción, omisión o soberana estupidez (es ridículo que el secretario del Senado no llame a un miembro del supernumerario cuerpo de funcionarios para que le ayude a contar) todo el Senado es cómplice de semejante vergüenza institucional que es una afrenta a la Constitución, al sentido común y a la democracia.

Claro que la Cámara de Diputados no se salva. El proyecto fue aprobado en menos de quince días, pues se presentó el 4 de diciembre de 2015 y para el 16 de diciembre, en la última sesión del año, ya tenía media sanción. Sin duda había mucha urgencia en la Cámara Baja porque la ampliación de la concesión se dio siete años antes del vencimiento del contrato y con algunas mayorías que no se alcanzan ni cuando el cuerpo quiere hacer una declaración para felicitar a las madres en su día.

En Paraguay existe un capitalismo de amigos impulsado por Horacio Cartes. Para unos la ley y para otros, los beneficios del poder usado discrecionalmente.

Cartes fue el verdadero operador de este desaguisado. Obligó a los diputados a una aprobación a tambor batiente y maniobró en el Senado (con cargos, viajes y enfermedades repentinas) para dejar sin cuórum la sesión y forzar una sanción automática, ya que la espúrea fue pillada.

El presidente del Congreso aseguró que el Senado se semeja a un prostíbulo. Se equivocó, a las pupilas se les paga una vez por un servicio específico; a los parlamentarios parece que no.