08 may. 2025

Prohibido el tereré en la Plaza de la Cultura

Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman

Proibido en la plasa lo niños y lo perros (sic) es una clásica y recordada obra de teatro callejero, escrita por Moncho Azuaga, que llegó a estrenarse en 1988 en la explanada de la Catedral de Asunción, pero en seguida fue prohibida por la dictadura stronista, por ser una valiente denuncia contra un sistema opresivo que denegaba todo ejercicio de libertad en los espacios públicos.

Me acordé de esa obra teatral el jueves al mediodía, cuando los noticieros de televisión transmitían impactantes imágenes de vendedores de tereré y pohã ñana siendo desalojados de la plaza Infante Rivarola por fiscalizadores de la Municipalidad de Asunción, que explicaban estar dando cumplimiento a una resolución firmada por el intendente Mario Ferreiro.

El desbordado llanto de Casiano Núñez, quien asegura que vende tereré en el sitio desde hace 20 años para mantener a sus siete hijos, reflejado en las pantallas, era una situación difícil de defender y de explicar. Más aún cuando los funcionarios sostienen que el desalojo se hizo porque la Infante Rivarola ha pasado a ser una “plaza temática”, dedicada a la cultura, donde ya no hay espacio para la venta informal. ¿Qué otro elemento más cultural para los paraguayos que el tereré?

Mientras veíamos las noticias en la Redacción de ÚH, fue inevitable oír las exclamaciones de los compañeros: "¿Qué le pasa a Mario?”. Ya habíamos compartido debates sobre las acciones del intendente, nuestro ex colega, con la concesión del estacionamiento tarifado, que pende como una espada de Damocles sobre la cabeza de varios trabajadores a quienes apenas les alcanza el salario y que deberán abonar una importante suma extra apenas salga a la calle la empresa Parxin.

Convenimos en que no es posible mantener esa ley de la jungla con que se maneja el tráfico asunceno, pero el control del espacio público debería ser ejercido efectivamente por el Municipio, con un criterio social, y no cederlo tan fácilmente a una empresa privada que buscará principalmente recaudar, cebándose en los cada vez más golpeados ciudadanos. Esa película ya la vimos en los 90, se llamó CEA y acabó muy mal. ¿No se puede hallar otra manera?

En lo personal conozco desde hace tiempo a Mario Ferreiro. Alguna vez trabajamos juntos en programas televisivos. Lo considero un hombre culto e inteligente, honesto y con buenas intenciones, con una mentalidad progresista y sensible a la realidad social, que con su mediática incursión en la política podría aportar mucho a una sociedad hoy tan huérfana de dirigentes confiables. Pero en los últimos tiempos lo siento muy envuelto por un microclima que quizás le hace perder la perspectiva, lo lleva a dar golpes de ciego y meter la pata, como en el desastroso desalojo de los vendedores de tereré de la Plaza de la Cultura.

No es mi intención contribuir a la campaña de desprestigio que iniciaron los colorados para embarrar su imagen, buscando evitar que se convierta en uno de los presidenciables de la oposición en el 2018... pero convengamos en que Mario también les está ayudando bastante.