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Opinión
domingo 11 de junio de 2017, 01:00

Prioricemos salud y educación

César Barreto Otazú Directivo de Dende
Por César Barreto Otazú

Estos tiempos electorales son adecuados para hablar de las políticas públicas que debemos priorizar en la permanente búsqueda de mejorar el bienestar de nuestra gente, especialmente para que aquellos segmentos de nuestra población que están enfrentando severas dificultades puedan tener mejores oportunidades para desarrollarse.

En este sentido, es necesario comprender que el desarrollo es un proceso que toma tiempo y que requiere de mucha disciplina y responsabilidad para poder avanzar gradual pero sostenidamente hacia mayores niveles de bienestar.

El desarrollo individual depende básicamente del esfuerzo que ponemos cada uno en estudiar, capacitarnos, trabajar, ahorrar, invertir y aplicar toda nuestra creatividad en las actividades que llevemos adelante.

Sin embargo, en la sociedad las personas no tienen las mismas condiciones para encarar y llevar adelante su proyecto de vida.

Factores ajenos a su voluntad, como el hecho de haber nacido en el seno de una familia pobre versus en una familia adinerada, pueden afectar significativamente su capacidad de desarrollar todo su potencial a lo largo de su vida.

Por lo tanto, está ampliamente aceptado que las políticas públicas implementadas a través del Estado deben buscar igualar las oportunidades y las condiciones que tenemos las personas para desarrollar todo nuestro potencial, independientemente de nuestros orígenes sociales, raciales o de género, etc.

En este sentido, hay ciertos servicios públicos que tienen un mayor impacto en garantizar la igualdad de oportunidades, principalmente el acceso a los servicios de salud y educación de calidad para la gente.

Aunque en países como el nuestro, donde una parte importante de la población vive aún en la pobreza extrema, es necesario incluso garantizar el acceso a una alimentación adecuada, de tal manera que las personas puedan desarrollar todas sus capacidades físicas y mentales.

Estas son prioridades básicas para las políticas públicas y que todo gobierno debiera plantearse y encararlas como tal. Hay otros servicios públicos que también son importantes, pero las prioridades deben ser establecidas en estas áreas fundamentales considerando el nivel de desarrollo que tenemos actualmente y lo que necesitamos para seguir avanzando.

En los últimos 15 años hemos logrado ordenar la economía y las finanzas públicas. Sin embargo, no hemos sido capaces de establecer claramente las prioridades en las políticas públicas desde el punto de vista de la gente.

Por esta razón, en el Presupuesto General de la Nación observamos una pésima distribución del gasto público porque responde casi exclusivamente al modelo político clientelista y prebendario instalado hace décadas en el país.

Hoy los recursos que genuinamente son generados a través del sistema tributario van a sufragar principalmente los pagos de salarios y jubilaciones de los funcionarios públicos y otros gastos de mantenimiento del aparato del Estado.

Es necesario cambiar esta realidad. Necesitamos que los servicios de salud y educación de calidad tengan la máxima prioridad en la asignación de los recursos públicos.

Más aún. Es necesario reformar profundamente la forma en la cual el Estado presta estos servicios, que hoy son de pésima calidad, así como ampliar los recursos asignados a ella y financiarlos equitativamente.

La peor calamidad para la gente de menores recursos es sufrir una enfermedad, porque sus expectativas de recibir una prestación de salud adecuada en tiempo y forma o de acceder a medicamentos básicos para recuperarse son mínimas y tienen que hacer enormes sacrificios para llegar a ellos.

Por otro lado, hay grandes diferencias de calidad en la educación impartida en los colegios privados de la capital versus la educación impartida en los colegios públicos de todo el país. Esto, antes que reducir la brecha en la igualdad de oportunidades, más bien la amplía continuamente.

Ojalá los distintos candidatos planteen claramente la reforma de los servicios de salud y educación como sus prioridades de gestión en los próximos periodos de gobierno. Tal vez de esta manera la política y los políticos vuelvan a convertirse en una esperanza para la gente.