05 mar. 2026

Poderes in-creíbles

Por Miguel H. López | En TW: @miguelhache

Casi nadie les cree, pero ellos se las creen. Ni se ruborizan. Ni acusan impacto. Ni les importa. Los tres poderes del Estado (Judicial, Legislativo y Ejecutivo, en ese orden) son los peor calificados en una reciente encuesta de percepción de credibilidad realizada por la agencia internacional Ibope.

En realidad lo que el sondeo arroja no es una novedad, todos sabemos que siempre es así. Lo revelador es que se constata científicamente lo que el sentido común nos viene indicando. Algunos dirán –los muchos abogados del diablo que en el fondo justifican y apañan todo tipo de irregularidades aunque no lo asuman– que es solo la percepción. Sucede que en estos asuntos de la corrupción y la credibilidad no hay mucho que discutir cuando se trata de los políticos, las instancias donde operan y sus actos.

El 82% de los encuestados dijo que el Poder Judicial (ese que administra la justicia en Paraguay) es el menos creíble. Explica por qué, tal vez, termine pareciendo una verdad de Perogrullo. Sin embargo, hay que decir que la venalidad de la magistratura –la compraventa de sentencias a medida– le coloca con justicia –paradójicamente– al frente de los no creíbles. Si no, por ejemplo, que alguien explique cómo es que el ex rector de la UNA está en su casa ambulatoriamente, mientras otros procesados por pichinchas hieden en prisión.

Le sigue el Parlamento con un 79% de descrédito ciudadano. De ambas cámaras, la Baja, justamente, la de Diputados, tiene menos credibilidad. Tampoco es difícil determinar por qué. A lo largo de la transición –que ya dura más de 25 años– es la más “rasca” y la que dio los peores ejemplos de incapacidad, mal manejo, irregularidades y actitud prebendaria desde la mayoría de sus integrantes. En esta Cámara se sustanciaron los hecho más bochornosos y deleznables de la “clase” política. La de Senadores no queda atrás. Aunque un poco menos deslucida, esta Cámara –sus miembros– tampoco es muy creíble. Su deuda con la sociedad crece exponencialmente con el tiempo.

En tercer orden está el Poder Ejecutivo, donde reina Horacio Cartes. El 73% de los encuestados no cree en ese poder, por tanto, no cree en el presidente y su gestión. El país está peor cada vez más. Como diría un pesimista, todo se cae a pedazos, pero él no se inmuta. Prefiere criticar que las universidades y las víctimas de la dictadura reciban presupuesto y no que los partidos y sus correligionarios parasiten y desangren al erario público.

La encuesta, que también revela que otros entes del Estado no son creíbles, como Aduanas, Salud e IPS, no hace otra cosa más que recordarnos que todavía no aprendimos a poner un freno a tanto abuso desde los poderes viciados de corrupción y mala gestión.