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Opinión
sábado 20 de mayo de 2017, 01:00

No pedir perdón por hablar el guaraní

Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Es poco lo que sabemos de él. Apenas que es un niño paraguayo, hijo de una de las miles de familias migrantes guaraníes que desembarcaron en la Argentina, que probablemente habita en la Villa 31 de Retiro, en Buenos Aires, y que asiste a clases en el colegio Domingo Faustino Sarmiento, en el barrio de Recoleta.

Solo conocemos la carta que le pidió escribir a otro compañero, porque sus propias letras le cuestan. Infantiles trazos manuscritos con muchos errores de ortografía sobre una arrugada hoja de cuaderno, que multiplicada desde una foto publicada por el docente Manuel Becerra en su cuenta de Twitter @CheMendele, le encogió el corazón a miles de personas.

Becerra admite que, lejos de armar un show mediático, solo buscaba llamar la atención sobre las tensiones que provoca provenir de una segunda lengua, en este caso el guaraní, confrontado con un sistema educativo que le presta poca importancia a estas cosas. En el colegio Sarmiento, donde hay un 80% de niños migrantes, principalmente paraguayos y bolivianos (hablantes de guaraní y quechua), han tenido que crear un taller de fortalecimiento de la segunda lengua, para ayudar a los niños en el proceso educativo.

La carta decía, textualmente: "Perdón profesor por no competar es que no entiendo nada y tengo mucha vergüenza para hablar porq no se ablar mucho en castellano solo en guaraní te pido una disculpa profe perdón. Espero que me entienda profe porque es muy difisil empezar de 0 en otro pais" (sic).

Lo significativo es la reiteración a pedir perdón por hablar solo en guaraní y por no entender el castellano, cuando en nuestra lengua originaria casi no existen palabras con las que disculparse. El diccionario de los académicos dice que "perdón" en guaraní es "ñyro", pero nunca escuché que esta palabra sea utilizada en lo cotidiano. Cuando intentamos pedir disculpas en nuestra lengua originaria, lo hacemos casi siempre con palabras prestadas del español: "Che disculpamína, che angiru", "che perdonamína, che ama".

La discusión que generó el conflicto del bilingüismo en el sistema educativo argentino aún no encuentra suficiente impacto en el sistema educativo paraguayo, que probablemente se halla en un estado mucho más crítico que en el vecino país.

Hay una lengua guaraní real en el campo y en las calles, que sigue muy divorciada de la que se enseña en las escuelas y en los colegios. Hay un bloqueo cultural hacia la educación universal, que todavía no hemos aprendido a superar positivamente.

El desafío que nos deja la desgarradora carta de este niño compatriota en una escuela bonaerense es cómo darles instrumentos pedagógicos a nuestros niños, para que no sientan lo que sienten por provenir de su lengua madre. Cómo ayudarles a valorizar, amar y utilizar la segunda lengua (o en la mayoría de los casos, la primera), sin que sea necesariamente enemiga de las otras.

Y que nunca más tengamos que pedir perdón por hablar en guaraní...