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Opinión
viernes 20 de enero de 2017, 02:00

Ni siquiera lo básico para soportar el calor

Darío Lugo - TW: @apolo1970

Arrancó el año y, como si se tratase del mito del eterno retorno, los principales flagelos de la población son la falta de agua potable para muchas familias, además de los cortes de la corriente eléctrica, servicios fundamentales que en el verano lo son más aún. El colapso de las entidades encargadas condena de manera cíclica a ya no soportar los tórridos primeros meses.

Pobladores de Puerto Casado en el Norte chaqueño, a quienes se le sumaron los de Nanawa y otros en el Bajo Chaco –que padecieron 40 días sin el líquido vital–; unas 3.000 familias del bañado Tacumbú que comenzaron el 2017 deambulando con baldes y mangueras; o los que en Ciudad del Este soportaron hace días la falta del suministro por problemas en la planta de tratamiento, son apenas la punta del iceberg del lamento general en la estación estival.

Si agregamos la falta de energía eléctrica –producto de la sobrecarga de demanda– o bien el incendio de la semana pasada en la subestación Tres Bocas (Acceso Sur), que afectó a casi 27.000 viviendas de Fernando de la Mora, ya ingresamos a un capítulo de desgracia mayúscula, sin olvidar que hace casi un año se incendió la subestación de Lambaré, por la explosión de un transformador, ocasionando tres días de apagón para casi toda la localidad, con cuantiosas pérdidas económicas.

La propia Comisión Permanente del Congreso Nacional solicitó recientemente un informe detallado de la situación técnica de todas las subestaciones que posee la ANDE en el país, como consecuencia de la poca seguridad en el servicio y los eventos permanentes que, lejos de asegurar un buen pasar a la gente cuando más necesita conectar sus aparatos refrigerantes, les condena a la oscuridad de la noche y a la descomposición lógica de sus alimentos. Ni qué decir de los comerciantes que conservan su mercadería y acusan recibo del perjuicio.

Al ser el agua potable y la electricidad dos de los derechos humanos fundamentales, y al repetirse las falencias anualmente cuando más se las necesita, las altas e impiadosas temperaturas se enseñorean con su secuela de bronca generalizada.

Con esto, ni siquiera lo más básico en cuanto a servicio se puede aún tener de manera digna para enfrentar el impacto adverso del clima. La falta de reacción rápida, por carecer de recursos para mejorar en el corto plazo los servicios de los entes encargados de luz y agua, generan la duda de si el vía crucis de nuevo se instalará en el próximo verano, época en que podría volver a aparecer la dupla infalible del balde y la pantalla como única respuesta.