El equipo entró con mucha determinación y sobrepasó al DIM que en los planes previos sería un rival duro, pero se dedicó a resguardar y buscar espacios y pasar los minutos. Con Vladimir Marín como conductor se volcó por los costados, sin mucha claridad, pero con la determinación necesaria para sobrepasar a los paisas.
El gol de Vladimir, de penal, promediando la primera mitad abrió camino a la esperanza y en cada acción ofensiva el entusiasmo creció. De mucho insistir, Luqueño llegó al segundo gol en los pies de Alegre y el objetivo estaba cada vez cerca.
BAJÓ. En la complementaria, Luqueño no tuvo la misma intensidad y dejó a los colombianos que dispusieran de ocasiones para llegar a la portería. En los instantes finales, el equipo de León apuró, pero no logró el ansiado tercer gol. La derrota 3-0 en Medellín fue letal, si se tenía la misma actitud, la historia sería otra.