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jueves 30 de junio de 2016, 12:54

Los excesos y las tentaciones del mes sagrado de Ramadán

A pesar de que el Ramadán es considerado un periodo de ayuno, purificación y sacrificio, son muchos los musulmanes que caen en la tentación de ingerir grandes cantidades de comida tras un largo día sin probar bocado; un hábito tan perjudicial para la salud como reprobado por los centros religiosos.

EFE

La tradición establece que el ayuno debe romperse tras la puesta del sol, tomando unos dátiles y un vaso de leche, pero a este "aperitivo" le sigue, en muchos casos, un largo menú que incluye platos y alimentos muy pesados, coronados por los dulces típicos, en Egipto bañados en miel y mantequilla, y frutos secos.

El "atracón" produce frecuentes problemas gastrointestinales y, además, desde el punto de vista religioso no está bien visto el atiborrarse en las horas nocturnas, cuando -según el Corán- los musulmanes ya pueden comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales.

Un jeque de Dar al Iftaa, principal autoridad egipcia encargada de emitir edictos religiosos, explica a Efe que el islam predica la moderación en todos los aspectos de la vida y rechaza los extremos, también en la mesa.

Hasan Mohamed asegura que incluso el libro sagrado del islam insta a los fieles a comer y beber "sin excederse" porque "Dios no ama a los que se exceden", y los que lo hacen son considerados incluso "hermanos de Satanás".

El mismo profeta Mahoma dijo que la acción más mala del ser humano es "llenar su estómago" hasta arriba, añade el experto religioso, según el cual los musulmanes solo deben seguir el ejemplo del profeta y sus discípulos para no tener problemas digestivos o de peso durante el Ramadán.

A pesar de los consejos de los religiosos, a los que en estas fechas se suman los de numerosos medios de comunicación, son muchos los egipcios que, después de un mes de copiosos "iftar" (comida con la que se rompe el ayuno) y "suhur" (última comida antes del amanecer), necesitan una dieta de desintoxicación para quitarse los kilos de más y reajustar sus hábitos alimenticios.

Este es el caso de Nura, una joven madre que asegura a Efe que siempre engorda algunos kilos durante el mes de Ramadán, porque sólo come por la noche y no realiza mucha actividad durante el día.

"Tomo mucho más azúcar que de costumbre, sobre todo zumos azucarados de fruta para hidratarme", explica, antes de agregar que considera normal engordar ya que ingiere la comida que corresponde a todo el día en unas pocas horas, y sobre todo antes de dormir.

Nura asegura que después de Ramadán suele regresar a su peso, en cuanto retoma su rutina habitual, aunque destaca que esto supone un problema porque sufre de tiroides y tiene tendencia a engordar.

Para evitar ganar peso y mantenerse en forma, algunos egipcios optan por no dejar de practicar deporte, aunque lo hacen en horarios determinados y con precaución para no deshidratarse, sobre todo ahora cuando el mes sagrado ha coincidido con las altas temperaturas del verano en Oriente Medio.

Los momentos más propicios para el ejercicio físico suelen ser antes del "iftar", porque poco después se podrán reponer líquidos, o algunas horas después del mismo, tras haber reposado la comida, y tanto en gimnasios como otros establecimientos los horarios se adaptan en este sentido.

Los fieles también disponen este año de una aplicación para el teléfono móvil que, con el nombre "reto fitness de Ramadán", ofrece un programa personalizado de ejercicios, que varían cada día a medida que avanza el mes sagrado, con el objetivo de llegar al final del mismo en buena forma física.

Una nutricionista europea que ofrece dietas y programas detox en El Cairo explica a Efe que cada vez más egipcios son conscientes de que no es sano ingerir tanta comida al caer la noche y que son muchos los que se replantean esta "tradición".

"Estamos hablando de la gente más educada y de las clases más altas, que se preocupan por su salud y su aspecto", especifica la experta, que prefiere mantener el anonimato.

También señala que son muchos los que empiezan a padecer problemas y a no sentirse bien después de la segunda o tercera semana de Ramadán, debido a los malos hábitos, porque este mes "no es en absoluto un mes de desintoxicación", subraya.

Sin duda, lo más "peligroso" del Ramadán son los dulces, esa tentación en la que todos caen en algún momento, sobre todo durante las celebraciones familiares, cuando los musulmanes se reúnen alrededor de la mesa, tal y como ocurre en Navidad en Occidente.

Y es que los egipcios consumen en estas fechas montañas de dulces típicos, como los ataif (medias lunas fritas y bañadas en miel, a veces rellenas) y la kunafa (tarta de masa crujiente con sirope y rellena de queso), además de frutos secos y frutas deshidratadas.