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Opinión
sábado 21 de mayo de 2016, 01:00

Las muchas muertes de Jessica

Por Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

El interminable desfile de sospechosos que la Policía, la Fiscalía y algunos medios de prensa presentaron como involucrados en el asesinato de la joven Jessica L., en Santa Rita, podría ser tema de una comedia de humor negro, si no se tratara de una realidad tan trágica que envuelve al dolor de una familia, lesiona derechos fundamentales de personas y desnuda –una vez más– las graves falencias del sistema de investigación criminal en Paraguay, así como la irresponsabilidad ética de un sector del periodismo.

Aun con los primeros indicios, todo parece apuntar a que el asesinato de Jessica es un caso más de feminicidio, violencia ejercida contra las mujeres por razón de su sexo, que se suma a muchos casos similares. Entre el 2010 y el 2015, 359 mujeres fueron asesinadas en el país, número considerado alarmante por la organización ONU Mujeres.

Por las características que rodean a la muerte de la joven promotora de la Expo Santa Rita, cuyo cadáver fue hallado en un pozo de desagüe, el caso debería haber sido tratado con más cuidado y responsabilidad, pero la noticia se difundió con detalles escabrosos, con versiones sin confirmar reveladas por los propios investigadores, con un tono sensacionalista que alimentó el morbo colectivo.

Se omitieron cuestiones básicas para este tipo de homicidios, como el análisis de fluidos corporales, pero lo más burdo fue presentar como presunto culpable del crimen a cualquiera que aparecía junto a la mujer antes de su muerte en los videos de seguridad, como el joven tractorista Denis Rodríguez, a quien se ve bailando en algún momento con Jessica y por ello ligó 10 días de prisión, sin poder trabajar, obligado a sacar un préstamo para solventar los gastos judiciales, hasta que lo liberaron porque en los videos apareció un músico brasileño acompañando a la chica, a quien todos sindicaron como el potencial nuevo asesino, sin siquiera corroborar antes si tenía alguna coartada.

Ahora resulta que el músico brasileño también quedó descartado como sospechoso y la atención se dirige a un misterioso motociclista. ¿Será él, o habrá otro próximo?

En el tratamiento de la información hubo errores graves de los investigadores, que parecen más interesados en aparecer ante cámaras que en aclarar el crimen, pero también se cometieron faltas legales y éticas en algunos medios de prensa, que nuevamente ignoraron el derecho a la presunción de inocencia.

Pero el daño más grave sigue siendo el de la condena social impuesta por los prejuicios de una cultura machista, que juzga desde la superficialidad hipócrita las actitudes de la mujer víctima, hasta acabar convirtiéndola en la culpable de su propia tragedia, justificando de algún modo a sus asesinos. Así logramos que Jessica vuelva a morir, una y otra vez.