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martes 20 de diciembre de 2016, 01:00

La vocación de María. Nuestra vocación

Estamos ya muy próximos a la Navidad. Ahora va a cumplirse la profecía de Isaías: Una Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”.

La vocación es también en cada uno de nosotros el punto central de nuestra vida. El eje sobre el que se organiza todo lo demás. Todo o casi todo depende de conocer y cumplir aquello que Dios nos pide.

Seguir y amar la propia vocación es lo más importante y lo más alegre de la vida. Pero a pesar de que la vocación es la llave que abre las puertas de la felicidad verdadera, hay quienes no quieren conocerla, prefieren hacer su propia voluntad en vez de la voluntad de Dios, quedarse en una ignorancia culpable en vez de buscar con toda sinceridad el camino en que serán felices, alcanzarán con seguridad el cielo y harán felices a otros muchos.

El Señor hace llamamientos particulares: También hoy. Nos necesita. Además, a todos nos llama con una vocación santa: Una invitación a seguirle en una vida nueva, cuyo secreto él posee: Si alguno quiere venir en pos de mí.... Todos hemos recibido por el Bautismo una vocación para buscar a Dios en plenitud de amor.

“Porque no es la vida corriente y ordinaria, la que vivimos entre los demás conciudadanos, nuestros iguales, algo chato y sin relieve. Es, precisamente en esas circunstancias, donde el Señor quiere que se santifique la inmensa mayoría de sus hijos.

El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “La voluntad de Dios es la ley suprema que establece la verdadera pertenencia a él. María instaura un vínculo de parentesco con Jesús antes aún de darle a luz: Se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento en que acoge las palabras del Ángel y dice: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Este “hágase” no es solo aceptación, sino también apertura confiada al futuro. ¡Este “hágase” es esperanza!

María es la madre de la esperanza, la imagen más expresiva de la esperanza cristiana. Toda su vida es un conjunto de actitudes de esperanza, comenzando por el “sí” en el momento de la anunciación. María no sabía cómo podría llegar a ser madre, pero confió totalmente”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal).