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Opinión
domingo 25 de junio de 2017, 01:00

La variable del Pionero

Luis Bareiro – TW: @luisbareiro
Por Luis Bareiro

En teoría, en una democracia, cualquier ciudadano con voluntad de hacerlo puede incursionar en política e incluso pugnar por un cargo electivo. En la práctica, la voluntad es absolutamente insuficiente. Para tener alguna posibilidad de éxito, ese ciudadano necesita que sus potenciales votantes lo conozcan (por las razones que sean), que él mismo o alguien más financie los ingentes gastos de la campaña y que un partido político con estructura lo postule.

Ser conocido, tener aparato partidario y plata suficiente como para pagar la campaña son pues los requisitos básicos para aspirar a un cargo electivo con alguna chance. El éxito depende a menudo del peso que tenga el candidato en alguna de esas tres variables; el dinero, el aparato o su nivel de fama o aceptación pública.

No hay duda sobre la variable del éxito del actual presidente Horacio Cartes; el dinero, más dinero del que ningún otro ciudadano paraguayo pueda gastar. El dinero le dio notoriedad y le permitió incursionar en actividades populares, pero reservadas a gente con plata, como la dirigencia en el fútbol. El dinero le permitió comprar un partido en la llanura, al que alimentó con más dinero para ganar las elecciones.

En el caso de Fernando Lugo, la clave del éxito fue su figura sacerdotal, la apreciación pública sobre su figura. El principal partido de oposición le dio el aparato partidario y los financistas habituales del liberalismo pusieron la plata. Cuando perdió el apoyo de la base partidaria, su gobierno cayó.

Antes de Cartes y Lugo la variable fundamental, y a menudo excluyente, era el aparato partidario. Por eso la famosa frase de Argaña de que en el Partido Colorado hasta el Pato Donald ganaba si era el candidato.

Ya no es así. En el caso del intendente de Asunción, Mario Ferreiro, la fórmula se montó sobre su fama, su empatía con la gente. El aparato lo puso un acuerdo político con el PLRA, y el financiamiento, una combinación de empresarios y los financistas propios del PLRA.

Está claro que hoy la variable primera es la empatía del candidato, su capacidad de conexión con la gente o la posibilidad de que provoque un sentimiento o encarne una idea. Nadie puede ganar nada sin las otras dos variables, eso está claro, pero resulta obvio que ni siquiera se puede empezar a construir sin la primera.

Eso explica la jugada frustrada de Cartes con Rubén Rodríguez, o la cantidad de famosos que se lanzan a la aventura política esperando que su notoriedad pública baste para ganar un cargo.

Por supuesto que esto no los hace mejores ni peores que los integrantes de la actual clase política. La cuestión será saber diferenciar quiénes entran por una tardía vocación de servicio y quiénes apenas especulan con este nuevo fenómeno para asegurarse un salario fijo o una jubilación a costa del contribuyente.