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Opinión
domingo 18 de diciembre de 2016, 01:00

La política ya está perjudicando a la economía

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

El ambiente político que estamos viviendo en el Paraguay es de enfrentamiento y de crispación creciente, y en este ambiente caótico, el país está entrando en una situación de ingobernabilidad de impredecibles consecuencias.

Debido exclusivamente a motivos electorales, tenemos enfrentamientos cada vez más virulentos entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo; en el Partido Colorado entre los cartistas y los antiCartistas; en el Partido Liberal entre los partidarios de Alegre y los de Llano; y en la izquierda entre el Frente Guasu y los partidarios de Ferreiro.

El principal escenario de estos enfrentamientos es el Congreso, por donde pasan todas las leyes, por donde pasa el Presupuesto General de Gastos y por donde debería pasar una eventual enmienda constitucional.

Una víctima de este enfrentamiento político fue el Presupuesto General de Gastos para el 2017, que contempla: un aumento en los gastos que lleva el déficit a 1,7% por encima de lo establecido en la Ley de Responsabilidad Fiscal; una reducción en el monto de emisión de bonos que creará problemas al Ministerio de Hacienda para pagar las deudas; y la fijación de un tope al costo de la política monetaria, que limitará la capacidad del Banco Central para contener la inflación y defender el valor del guaraní.

Pero este Presupuesto aprobado en el Poder Legislativo es claramente una represalia al Poder Ejecutivo que sigue impulsando un proyecto de reelección presidencial vía enmienda constitucional, que es objetado legalmente por los principales juristas del país, por los más importantes medios de comunicación y por un amplio e importante sector de la sociedad.

Este forzado proceso de aprobación de una enmienda constitucional está generando cada vez mayor crispación social y una fractura política, que pueden destruir este incipiente despegue económico de nuestro país.

Con gran sabiduría el ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo Enrique Iglesias decía: "No puede haber una buena economía sin una buena política".

Cuando digo buena política, me refiero a dos significados que tiene la palabra política: las personas que ocupan los cargos públicos y el funcionamiento de las instituciones.

En el primer caso me refiero a la clase política, compuesta por el presidente, los ministros, los senadores, los diputados, los gobernadores, los intendentes, etc.

En este punto comparto las afirmaciones del senador Adolfo Ferreiro cuando dice que hoy el Paraguay está gobernado por la clase política más mediocre de su historia.

En el segundo caso me refiero a las instituciones; como por ejemplo: el sistema de elección, los poderes del Congreso, los procedimientos para la aprobación de leyes, etc.

En este punto nuestra actual Constitución es un híbrido entre un sistema presidencialista y uno parlamentarista; entre un Estado unitario y uno federal; y con un anárquico proceso de aprobación de leyes, nos convirtió en un país casi ingobernable.

Hoy la política está perjudicando seriamente el desarrollo económico y social del país y consecuentemente a la gente en sus posibilidades de trabajo, seguridad, educación y salud.

Por todo esto, en el corto plazo necesitamos detener el aumento de la actual tensión política y en el mediano plazo necesitamos realizar las reformas políticas que mejoren la calidad de nuestros representantes y de nuestras políticas públicas.

Para que esto ocurra es necesaria la reforma de nuestra actual Constitución, donde el tema de la reelección presidencial es un tema más, pero no es el más importante.

Esto solamente puede ser factible si los dos principales referentes de nuestra política actual –Cartes y Lugo– retiran la propuesta de enmienda constitucional, y firman un acuerdo que defina los lineamientos y los plazos de una reforma constitucional.

Esta "tregua" traería tranquilidad en la sociedad, pero sería, sobre todo, el primer paso para tener una mejor política, que es la base de una buena economía y de una mejor sociedad.

Si así se comportan, los dos principales líderes políticos del país actuarían pensando en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.