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Opinión
martes 18 de octubre de 2016, 02:00

La pistola de un ministro

Por Samuel Acosta
Por Samuel Acosta

Siempre me llamó la atención la figura de quien considero uno de los más visionarios políticos que ha tenido el Paraguay en su historia. Me refiero a Eligio Ayala, de quien este mes se recuerda el 86 aniversario de su partida, en aquel trágico suceso que derivó luego en su muerte un 24 de octubre de 1930.

Un particular episodio recuerda María Luisa Ayala Bosio en un escrito biográfico sobre este ex presidente de la República.

Cuenta que, cuando era ministro de Hacienda siempre guardaba en su escritorio una pistola. Un día, un funcionario intenta sobornarlo y este –de una inquebrantable integridad– a punta de revólver lo corre de su presencia.

¡Cuánta falta hace en este tiempo gente con esta determinación de honradez en la administración pública!

Paraguayos como Ayala, que en función del cargo den el ejemplo siendo los primeros en rechazar la dilapidación de los recursos públicos en favor de las urgentes necesidades sociales y no que apelen a tecnicismos contables para justificar el despilfarro, siendo para colmo ellos mismos los primeros en cobrar deshonrosas gratificaciones adicionales en un país con 683.000 personas viviendo en la miseria.

Educación. Urge que nos representen hombres y mujeres convencidos de que invertir en educación 7% del producto interno bruto es más imperioso que aprobar groseramente más de G. 12.000 millones para sostener un voto cautivo con vista a la próxima elección electoral.

"La educación es la condición de la evolución progresiva de la sociedad hacia las relaciones sociales más humanas. El germen de la actividad reflexiva, intelectual y moral, en una nación, es la escuela", exponía Ayala por el año 1927; su discurso, sigue vigente décadas después.

Cuenta otra historia que en una ocasión, siendo ministro de Hacienda Eligio Ayala, recibió una nota del entonces presidente José P. Guggiari, quien le solicitaba un rubro para su asistente. En la misma hoja, de puño y letra le respondió: "Si el presidente de la República quiere un secretario fuera del presupuesto, que lo pague de su bolsillo".

En tiempos de orfandad de espejos honorables donde proyectarnos, apelar a uno de los paraguayos más renombrados de nuestra historia alienta a creer que en el país pueden surgir hombres y mujeres más comprometidos con su patria que con su bolsillo y el partido.

Más paraguayos como Ayala, dispuestos a desenfundar un rotundo NO, ante la desvergonzante dilapidación actual de recursos en favor de unos pocos.