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Opinión
miércoles 10 de mayo de 2017, 02:00

Gobierno por decreto

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

Si no se aprueba el acuerdo de Yacyretá, el Paraguay tendrá gravísimos problemas.

El acuerdo es el negociado hace unos días entre los presidentes Cartes y Macri, al que ahora se le quiere dar la debida aprobación, la del Congreso. ¿Es bueno o malo el acuerdo? Como la gran mayoría, yo no entiendo las cuestiones técnicas del manejo de una usina, y por eso no puedo decir si está bien o mal. Sin embargo, el problema no es que yo no entienda, o que los no entendidos seamos la mayoría, sino que la información no esté disponible, para que los entendidos puedan explicárnosla.

La democracia no significa que todos sepamos todo, ni tampoco que unos pocos sepan todo y que los demás tengamos que aceptarlo sin chistar.

Dos ganadores del Premio Nobel de Economía trabajaron en la empresa norteamericana Long Term Capital Management, que fue a la quiebra en el año 2000 por culpa de sus técnicos. Ese fue uno de los grandes errores causados por la suposición de que los técnicos tienen poderes sobrenaturales como los héroes de las historietas.

Con o sin poderes, los técnicos y sus asesorados, los políticos, deben rendir cuentas a la opinión pública, una cuestión básica en la democracia, así como también deben respetar ciertos principios institucionales. No se trata de que hagan lo que quieran sin disimular ni de que, para disimular, hagan lo que quieran y después le den un blanqueo vai vai. Por ejemplo, que negocien Yacyretá en secreto y manden aceptar el acuerdo por un Congreso desinformado o complaciente.

"Mira la esencia, no las apariencias", dice una canción popular que, para este caso, vale más que diez tomos de jurisprudencia. El presidente decide una cosa; el voto político del Congreso la acepta sin cuestionar. En esencia, esto equivale a gobernar por decreto, una mala costumbre de las dictaduras paraguayas que se ha reciclado. Cartes aprobó Yacyretá y hay que aceptarlo, así como se le aceptaron los bonos, la ley de APP, la donación de Marina Cué, las medidas de excepción para combatir una subversión que cada vez anda mejor. La última es que también nombra sucesor, como lo nombraban los antiguos emperadores romanos (el cargo era vitalicio, no hereditario). Aquí no decimos emperador, sino delfín, que no es lo mismo, pero se le acerca demasiado.

Ocasionalmente, el presidente puede desoír a los técnicos. La Contraloría no ha podido auditar Yacyretá, ¿qué importa? La Contraloría no está de acuerdo con la concesión del Aeropuerto, tampoco se le da mucha importancia.

Jeffrey Sachs, un norteamericano que sabe de números, dice que el Paraguay ya ha pagado su deuda con Itaipú, pero se la sigue pagando. El Gobierno por decreto, o sea por decisión del Ejecutivo (disfrazada o no), funciona como le parece al Ejecutivo, y nada bueno nos podrá traer.