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Mundo
jueves 27 de abril de 2017, 12:05

El Museo Reina Sofía de Madrid recupera la figura del critico de arte brasileño Mario Pedrosa

Madrid, 27 abr (EFE).- Esta no es la primera vez que el Museo Reía Sofía de Madrid dedica una gran exposición a alguien que no es artista. Lo hizo con Aby Warburg o Carl Einstein y ahora recupera al brasileño Mario Pedrosa, intelectual comprometido, crítico y figura influyente para el arte de su época en Latinoamérica.

"De la naturaleza afectiva de la forma" es el título de la muestra sobre Mario Pedrosa (Pernambuco, 1900-Río de Janeiro, 1981), compuesta por unas 200 obras de 41 artistas brasileños e internacionales, desde pinturas, a esculturas, grabados, fotografías, películas y libros, que se puede interpretar como un retrato de quien fue este crítico de arte a través de los artistas que más le gustaron.

Una muestra que abarca desde el realismo social hasta la abstracción más radical, el arte de los niños e incluso autores situados en el margen de la sociedad y considerados enfermos mentales.

Obras de Alexander Calder, Georgo Morandi, Paul Klee o Jorge Oteiza, entre otros, conviven con representantes de las abstracción geométrica y el neoconcretismo brasileño (un movimiento para el que su desarrollo la figura de Pedrosa fue fundamental) con nombres como Lygia, Clark, Ivan Serpa, Lygia Pape, Hélio Oiticica.

Pedrosa se convirtió en uno de los agentes más importantes en la formación de la cultura moderna de Brasil con su contribución, tanto a la consolidación de instituciones de arte moderno como el impulso a la Bienal de Sao Paulo, de la que fue director y consultor en las distintas etapas.

"Fue una de las figuras más importantes de la época como crítico y estuvo en la Bienal de Sao Paulo en 1953, cuando se expuso el Guernica. Tenía autoridad también como activista político y tuvo una mirada artística muy plural; rompió clichés y recepcionó en Brasil a artistas muy importantes y a los que no encajaban como Morandi", explicó hoy durante la presentación de la muestra, el director del Museo Manuel Borja-Villel.

El italiano Georgio Morandi fue un artista fundamental para el pensamiento de Pedrosa, a quien llegó a definir como el artista más político de su generación, tanto por su negativa a participar en el arte fascista como por su resistencia a convertir el arte en un arma de propaganda.

Y es que Pedrosa era un pensador muy comprometido con la izquierda, incluso le costó la cárcel, pero consideraba, a diferencia de la idea soviética, que el arte nunca debía estar al servicio de la política, argumentó Gabriel Pérez-Barreiro, uno de los comisarios de la muestra.

Otra de las características que hicieron de Mario Pedrosa una figura excepcional en su época era su concepto del arte como algo necesario para la condición humana para que se pudieran expresar emociones y sentimientos más que tendencias ideológicas.

Para Pedrosa, la creación realizada por los niños y los enfermos mentales demostraba que el arte era "una necesidad vital".

Tomó conceptos de la teoría psicológica de la Gestalt y hablaba de psicología de la forma y de cómo el espectador podría encontrar nuevos significados en su vida a través de la información que le daba el artista.

En opinión de Borja-Villel, en la época de Pedrosa, en Latinoamérica estaba de moda un profundo enfoque en el arte que no dejaba ser "muy reduccionista y lleno de lugares comunes" y el brasileño "introdujo una versión más compleja", donde nada era opuesto a nada y "la abstracción, la figuración o el intereses por las vanguardias era todo fruto de una evolución".

"Mario Pedrosa dio una visión distinta de la modernidad brasileña", apostilló el director del Reina Sofía y quien ha querido recuperar esta figura poco conocida en España y Europa.

En paralelo a la muestra, el Museo Reina Sofía ha editado un catálogo con el nombre que da título a la muestra "De la naturaleza afectiva de la forma", en el que se incluyen ensayos críticos de los dos comisarios de la exposición Pérez-Barreiro y Michelle Berrios, y de Adele Nelson, Kaira M. Cabañas, Michael Lowy y Mario Berrios, y una conversación entre Aracy Amaral y Sergio B. Martins.

Además se incluye una antología de los escritos más emblemáticos de Mario Pedrosa, la mayoría traducidos por primera vez al castellano.