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Opinión
sábado 21 de enero de 2017, 02:00

El mito de la solidaridad paraguaya

Por Iván Lisboa - ilisboa@uhora.com.py

Históricamente, el paraguayo es relacionado desde el exterior como una insignia de la hospitalidad y la solidaridad. Más de un centenar de veces, los medios extranjeros destacaron la valentía del paraguayo para levantarse de una masacre denominada Guerra de la Triple Alianza y otro conflicto bélico nombrado como la Guerra del Chaco.

Hoy, lo segundo (solidaridad) ya es un leyenda. Basta con salir a la calle para ver que esa insignia se volvió historia.

Haga 3 simples pruebas.

La primera, camine por el centro. Cuando llegue a la esquina, párese sobre la franja peatonal de cualquier intersección con la calle Palma y cuente cuántos automovilistas son realmente solidarios y le ceden el paso.

Si el apuro del conductor del vehículo por llegar 10 segundos antes al trabajo puede esperar y ocurre un milagro, cuente cuantas veredas con rampas para acceso universal no están taponadas por autos o motos. De lo contrario, haga la segunda prueba, súbase a un colectivo.

Ya en el ómnibus siéntese en el último asiento. En el trayecto que hace a bordo del transporte público, cuente la cantidad de pasajeros que están sentados en las primeras filas y ceden sus lugares cuando sube una mujer embarazada, un adulto mayor o una persona con algún tipo de discapacidad.

Si cree que esto es insuficiente, finalmente, súbase a su auto o en su defecto, al de un amigo o familiar.

En el viaje cuente la cantidad de automovilistas que en un semáforo en rojo no se detienen encima de la cebra peatonal, cuántos encienden su señalero al doblar o simplemente la cantidad de conductores que respetan al carril izquierdo como el rápido y por egoísmo no terminan entorpeciendo el tránsito para aquellos que vienen detrás.

Cualquiera diría, bueno, y qué hay de la gran maratón de Teletón, que junta miles de millones de guaraníes para ayudar a personas con capacidades especiales. O de la colecta Techo, que busca mejorar la calidad de vida de miles de familias que no tienen una casa digna.

Y es cierto, cualquiera que sostenga eso, tiene toda la razón. Son dos enormes fiestas de la solidaridad que permiten a la persona que es diariamente egoísta, sentirse bien el resto del año.

La solidaridad es uno de los valores más importantes que necesita nuestra sociedad, porque fomenta el espíritu de cooperación y ayuda al desarrollo de cualquier población, en tiempos donde la crisis se volvió el pan nuestro de cada día.

Tristemente, el egoísmo se expandió en los últimos tiempos y la histórica solidaridad del paraguayo hoy ya es un mito. Pero nunca es tarde para aprender, el cambio empieza en cada uno.