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Opinión
domingo 16 de octubre de 2016, 01:00

El enfrentamiento sobre la deuda pública

César Barreto Otazú Economista, director de Dende

En las últimas semanas hubo un intenso debate en los medios de comunicación relacionado al ritmo de endeudamiento de nuestro país y del cual participé, como otros colegas, exponiendo mis puntos de vista.

Mis opiniones fueron descalificadas y mi integridad profesional puesta en duda por un importante diario, porque supuestamente, por interés político, he cambiado de opinión con respecto al financiamiento de la inversión pública recurriendo a la deuda.

Quiero enfatizar que mi punto de vista sobre la política fiscal nunca ha cambiado. Siempre consideré y sigo considerando que una política fiscal responsable, anticíclica y de equilibrio estructural es fundamental para la estabilidad macroeconómica y para el desarrollo sostenible de nuestro país. Esto implica que los servicios públicos deben ser financiados con ingresos genuinos y permanentes y que la deuda pública debe ser utilizada de manera "transitoria, en periodos de recesión o de crisis" para financiar inversión adicional que reactive la economía, o para una ampliación extraordinaria de la infraestructura del país.

Con esta visión, cuando en el 2008 ejercía el cargo de ministro de Hacienda, presenté a la sociedad un Plan de Inversiones Públicas en educación, salud, vivienda, agua, alcantarillado, infraestructura vial y reducción de la pobreza, que iba a permitir mejorar la competitividad del país e incrementar el bienestar de nuestra gente.

La implementación de dicho plan iba a generar un déficit fiscal de aproximadamente USD 330 millones anuales en los dos primeros años que iría reduciéndose gradualmente hasta alcanzar nuevamente el equilibrio fiscal en el octavo año y la deuda pública nunca iba a superar el 18% del PIB. Para financiar este déficit fiscal, planteábamos dos medidas: la renegociación de la Compensación por la Energía de Itaipú (en cuyo caso la deuda pública alcanzaría apenas el 14% del PIB) y el incremento temporal de algunos impuestos, en cuyo caso no habría déficit ni endeudamiento adicional.

La situación actual es muy diferente, porque llevamos 5 años continuos de déficit fiscal, que fue originado por un irracional aumento en los salarios de los empleados públicos otorgado por el Congreso en el año 2012. Este aumento permanente del gasto salarial debería haber sido financiado con reducciones de otros gastos permanentes o con aumentos en los ingresos tributarios.

Sin embargo, desde inicios del 2013 este déficit ha ido financiándose con la emisión de bonos soberanos en el mercado internacional, para evitar reducir la inversión en infraestructura. Como resultado, la deuda pública se ha duplicado en 4 años y está alcanzando niveles preocupantes de más del 20% del PIB.

Para evitar la crisis en las finanzas públicas, se aprobó en el 2013 la Ley 5098 de Responsabilidad Fiscal, que limita el déficit fiscal a un tope del 1,5% del PIB. Respetar este límite es fundamental para construir confianza en una política fiscal responsable. Lastimosamente, en el 2015 no ha sido respetado y probablemente tampoco va a respetarse este año. Y esto es aún más preocupante.

Quiero también enfatizar que mis opiniones son absolutamente independientes de cualquier signo o interés político y lo que reflejan es simplemente mi mejor saber y entender sobre lo que es más apropiado para el desarrollo de nuestro país. En mi trayectoria como economista, asesoré en la preparación de planes económicos, a Pedro Fadul, de Patria Querida, en el 2003; y a Efraín Alegre, del Partido Liberal, en el 2013, y ocupé el cargo de ministro de Hacienda en el 2007, en el Gobierno de Nicanor Duarte Frutos, del Partido Colorado. Y en ningún caso he variado mi visión y mi posición sobre la política fiscal.

En la actualidad estoy concentrado en mis actividades privadas y aporto mis conocimientos y experiencias en políticas públicas a través de la Fundación Desarrollo en Democracia (Dende), que participa activamente en el debate de las ideas.

En Dende buscamos aportar a estas discusiones con honestidad intelectual y con rigurosidad técnica. No somos dueños de toda la verdad pero buscamos contribuir a encontrarla.