28 may. 2026

El cuco del quiebre en IPS

Por Miguel H. López | En TW: @miguelhache

Hace años, muchos años, que ya ni recuerdo, el IPS debió quebrar. Consultoras internacionales, expertos variopintos de agencias que entronizan el capital y el mercado, especialistas contratados, etc., predijeron lo inevitable: la generosa previsional mixta de Paraguay iba a sucumbir porque el modelo solidario y de reparto era inviable. Era un craso error. Era una monstruosidad. Era la peor abominación. Los neoliberales lo decían y lo siguen diciendo, pese a la realidad.

Hoy, el viejo cuco del quiebre del IPS está de regreso. Coincidiendo con el gobierno empresarial de Horacio Cartes, que tiene una marcada línea trazada de empeorar la imagen de todos los entes estatales más rentables o con mejores recursos para volverlos “horribles” ante la población para que mejor parezca venderlos y deshacernos de ellos; y encima agradecerle al empresario que después “como favor casi” los comprará por chauchas y palitos, aunque el negocio esté justamente en eso.

Todos los países de América Latina conocen esta misma experiencia. Este cuento tragicómico. Este modo de engañar generando un estado emocional y una ilusión informativa sobre la situación de las entidades donde se mueven muchos recursos.

IPS es un ente solvente. Su reserva técnica es una de las más potables en el país. Hasta podría decirse que tiene mejor posición que cualquier banco de plaza. Un simple ejemplo es que bajo el mandato del incompetente empresario Juan Carlos Wasmosy –cuando la crisis financiera quebró numerosos bancos– el dinero usado para el salvataje provino de la previsional.

Sin embargo, hoy desde los propios directivos de la entidad surgen posiciones que hablan de riesgos de quiebre. Y en esa idea anuncian reformas de la Carta Orgánica, la elevación de la edad de jubilación de 60 a 70 años y la modificación del cálculo de aporte sobre 10 años de cotización y no 3, como ocurre. Todo lo presentan como si el problema fuera el modelo y el sistema y no la ineficiencia administrativa, la corrupción propia, la falta de control y la mendacidad de quienes gerencian los fondos de salud y jubilación, que son aportes de trabajadores y patrones.

Bien administrado, IPS seguirá sin correr riesgo. Las cosas funcionan mal porque los directivos y consejeros no hacen bien su trabajo. Le echan la culpa al reglamento y no a su incapacidad (real o deliberada). Recursos hay en demasía y puede mejorar.

Como en todos los tiempos, IPS es el que salva la incapacidad de los gobiernos y descuida al cotizante. Tendría que ser al revés; y el asegurado –activo o jubilado– debería hacerse sentir. Finalmente, es el dueño del Instituto.