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Arte y Espectáculos
domingo 21 de mayo de 2017, 02:00

El circo llega a las calles de Asunción

La calle es el escenario de artistas extranjeros que divierten con piruetas hechas con clavas, banderas o fuego. Son jóvenes que se forman en congresos internacionales de circo y recorren Sudamérica con su arte.

Sergio Noe

sergionoe@gmail.com

Apostados en las esquinas de Asunción, malabaristas internacionales convierten la calle en su escenario diario y divierten a los transeúntes y conductores con sus creativos actos circenses.

Vivir en la calle, viajar de un país a otro, juntar dinero, conocer personas, aprender culturas distintas y disfrutar de una rutina aleatoria es parte de un estilo de vida libre de estos artistas callejeros de Argentina, Brasil y Uruguay.

El cuerpo se convierte en un hábil aliado a la hora de las sorprendentes destrezas con clavas, pelotas y palos chinos, hasta incluso acrobacias con fuego, con desplazamientos únicos en el aire para asombro de sus espectadores.

DE ARGENTINA. Melania Meichtry (23), procedente de Entre Ríos, Argentina, brinda un espectáculo con banderas swing, de formas cuadrangulares, que son suspendidas en el aire con habilidad, además de protagonizar malabares con clavas y cadenas de fuego por las noches.

"Este año arranqué con la vida circense y hace dos semanas que llegué a Asunción", comenta la artista callejera, que se gana el día –para pagar su hospedaje y su comida– en la intersección de las avenidas General Santos y Mariscal López.

Tras salir de su Argentina natal, fue a Brasil de mochilera mostrando su arte circense, el cual aprendió de otros colegas durante sus viajes.

"En enero estuve en Santa Catarina y Paraná, para luego venir aquí", detalla la artista que comparte también con otros malabaristas extranjeros que conoció en Asunción y con quienes aprende números de circo.

"Me gusta este estilo de vida callejero porque cada día se aprenden cosas nuevas, además de permitirme viajar y conocer personas de todas partes. La gente de Paraguay es muy cálida", cuenta Melania, asegurando que se siente "más relajada" ya que no tiene horarios con su arte. Adelanta que su idea es recorrer el norte de Sudamérica, para escalar en Bolivia, Perú y Ecuador.

DE URUGUAY. Matías Romero (22), oriundo de Montevideo, Uruguay, se inició en el arte circense un año y medio atrás. Gracias a su trabajo artístico recorrió su tierra, Argentina y Brasil, y sueña con próximas paradas en Bolivia y Chile.

Está orgulloso de mover con habilidad el devil stick, también conocido como "palo chino" o "bastón del diablo". Con este juego malabar, Matías logra mantener en el aire una varilla larga gracias a la asistencia de dos baquetas de baterías, desarrollando una rutina tan extensa como la duración del semáforo en rojo de la esquina del ex Ycuá Bolaños, sobre las avenidas Artigas y Santísima Trinidad.

"Viajo por dos razones. Para conocer la gente y su cultura, en una suerte de intercambio, y recorrer así Latinoamérica. Y también, a través de mis malabares, para ganarme un poco de dinero y lograr repartir alegría a las personas", revela.

DE BRASIL. En la misma esquina de Asunción, Matías comparte la palestra callejera con Renata Leticia (22), de San Pablo (Brasil). Para ella, es la primera vez que sale de su país regalando su arte.

Con la cara pintada en un estilo de clown, alegra a niños y grandes. Su meta es ir al encuentro internacional de circo en Chile, que será en breve, luego de haber participado en abril pasado en una convención regional de circo realizada en Minga Guazú, donde acudieron más de 500 artistas circenses de Latinoamérica.

Durante una jornada de piruetas –reconoce– puede recolectar unos G. 100.000, trabajando desde las siete de la mañana. "También aprovechamos para recorrer parques naturales del interior del país, siempre que nos alcance el dinero", comenta. "Viajo solo con lo necesario".

"Este estilo de vida callejero y de circo es único. Te da la oportunidad de conocer gente nueva y más ciudades", dice finalmente Renata, quien además está feliz de aprender español en nuestro país.