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Opinión
jueves 27 de julio de 2017, 01:00

El caos y los campesinos

Por Miguel H. López - En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

El caos vehicular que crispa a algunos en Asunción y la crisis derivada de él es culpa del mal gobierno (de Cartes en este caso) y de la irresponsabilidad de los parlamentarios (principalmente oficialistas) en atender y definir asuntos que son de su incumbencia y que prefieren obviar. Muchos dirán que los provocan los campesinos "haraganes" y no otros. Y es que a veces lo obvio no se ve, ese es el fondo del asunto.

El análisis de un sector de la población suele ser muy atinado en algunos casos frívolos, pero muy pelotudo en cosas esenciales como la vida, la economía y la política. A veces hasta la franja "más instruida" dice zonceras.

Lo primero que vemos –y que tanto estresa a ciertos citadinos– es que el caos vehicular se genera porque las calles son cortadas por las manifestaciones de los campesinos de la Coordinadora Nacional Intersectorial. Esta lectura es insuflada por algunos medios de comunicación y cierto periodismo sensacionalista, poco apegados a la naturaleza de la profesión.

Lo que es dable para entender los hechos, con algún equilibrio, es conocer las causas y las consecuencias. Si nos quedamos en lo inmediato y olvidamos el fondo, terminamos siendo simples alcornoques.

Los campesinos no vinieron a Asunción porque se les ocurrió. Están hace casi 20 días acampados en la Plaza de Armas, sufriendo todo tipo de carencias. Reclaman condonación de deudas y declaración de emergencia en el campo. ¿Por qué? Porque el Gobierno les pidió el cultivo de ciertos rubros y la viabilización de mercado, apoyo crediticio y técnico. Entonces se endeudaron ante tal pedido-ofrecimiento que les garantizaba que no habría riesgos. Luego el Estado se olvidó del tema. El mercado se malogró y no les ayudó, les dejó con la deuda, el hambre y la pérdida. Hasta sus tierras pueden ser rematadas hoy. Pidieron el resarcimiento, no hubo respuestas. Nada de nada. Entonces no quedó otra que venir al centro del poder a presionar. Finalmente un efecto colateral son las trancadas en el tráfico. ¿Culpa de quién? Culpa de quienes no les dejaron opción de llegar a la capital. Si el Gobierno y el Parlamento hubieran resuelto el asunto desde el principio, no estarían aquí.

¿Y por qué condonarles? Porque el Estado es responsable. Además, viene subsidiando miles de millones de guaraníes a sectores como los ganaderos, sojeros, transportistas, inclusive a una azucarera en quiebra, y nadie dijo nada. Y el Estado no había tenido la culpa de esos asuntos, como ahora sí.

Condonar a estos campesinos es hasta una obligación moral. Un resarcimiento necesario de quien les causó el perjuicio.