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Opinión
jueves 14 de septiembre de 2017, 02:00

El abracito de Cartes

Miguel H. López – @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

Hablaría hoy de los candidatos del progresismo local, pero tengo cierta duda sobre su consistencia aunque de su incoherencia quede diáfana certeza. Por eso voy a referirme al presidente Horacio Cartes y su negación de la realidad que reputa un cuadro –aparte de peliagudamente patético– altamente siquiátrico.

En el 130 aniversario del Partido Colorado, el pasado lunes, su personalidad soste- nida en asesores y ciertos cola- boradores, rompió el dique y se derramó en exabruptos y lapsus linguae, en tanto sus guardaespaldas desataron su peor tirria contra algunos periodistas.

Es sabido que el mandatario padece de incontinencia verbal y por eso, en lo posible, evitan que la prensa se le acerque. Ello no es óbice para que arremetan contra los comunicadores. Reconozcan que el problema es él, no los divulgadores de noticia.

También es visible su soberbia incapacidad de asociar ideas, expresar por mucho tiempo oraciones conexas y lo más delicado, su alta dosis de síndrome de Peter Pan (arrogante, inseguro, inmaduro, egocéntrico y narcisista). Ejemplos de esto último solo hay que buscarlo desde que se volvió público en el campo político, principalmente.

Esa condición la traslada a sus actos de gobierno y de desgobierno. Por tanto, su problema se vuelve nuestro problema. Y ¡vaya problema!

El país está en una de sus peores crisis. El palpitar de la microeconomía revela altos niveles de desigualdad, aumento del número de pobres y de los volúmenes de pobreza económica. Ivai la crisis, dirían tierra adentro.

Creció el índice de miseria. El país está cada vez más deforestado. La tierra y los cursos de agua –en vastas áreas– están contaminados. El campo va quedando sin campesinos, de la tierra se adueñan cada vez menos personas, relatifundizando y transgenizando el interior con soja, mediante el capital extranjero; los indígenas son sometidos a atropellos y a un lento etnocidio, y el desempleo sigue avanzando vigoroso, maquillando los informes de gobierno mediante la actividad informal, que en lenguaje de bolsillo no es otra cosa que desempleo encubierto. En la capital, otros centros urbanos y áreas rurales, el hambre está presente. Muchos paraguayos apenas hacen una comida al día, cuando tienen con qué, si no llenan el vacío con agua o aire. La salud, simplemente, no alcanza. Los DDHH ni importan.

Pero él dice que es la gente mala y cierta prensa –la que no es de su propiedad– la que dice cosas negativas e invisibiliza los logros de su gestión. Su capacidad de disociar la comprensión de la realidad es progresiva. Arengando en la ANR dijo hace tres días: "La gente no pide nada, apenas quiere un contacto; por encima de las palabras o los discursos quieren un abracito y quieren tocarnos, es todo lo que pide nuestro pueblo. Este país y nuestra gente es maravillosa.

En fin.