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Opinión
domingo 25 de diciembre de 2016, 01:00

De la amenaza externa a la amenaza interna

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

Haciendo un balance de este año 2016, recuerdo que en enero nuestra gran preocupación era el amenazante escenario internacional y regional.

En el escenario internacional, el superciclo de los commodities había llegado a su fin y nuestra economía sufría el impacto de la fuerte y sostenida caída de los precios de la soja, que de los 612 dólares la tonelada en el 2012, vino reduciéndose hasta los 326 dólares, a comienzo de este año.

En el escenario regional, la ingobernabilidad en el Brasil iba acentuándose a medida que Dilma Rousseff iba perdiendo apoyo popular y político. Esto hizo que el precio del dólar se disparara a 4,17 reales –en el año 2011 se encontraba a 1,54– trayendo como consecuencia el desplome del enorme comercio en nuestras ciudades fronterizas.

A estas dos situaciones se le sumaba el riesgo de que Estados Unidos comenzara a incrementar su tasa de interés en un 0,25% cada trimestre, lo cual traería como consecuencia una, aún mayor, suba del dólar y caída en los precios de los commodities.

Este era el amenazante escenario externo que teníamos a comienzos de este año 2016, pero para felicidad nuestra, el mismo fue cambiando positivamente a medida que transcurrieron los meses.

Estados Unidos postergó la suba de sus tasas de interés, con lo cual el precio del dólar en el mundo entero se redujo, ayudando a que el precio de la soja se estabilizara y comenzara a recuperarse parcialmente.

En el Brasil la separación del cargo de Dilma Rousseff en mayo de este año trajo tranquilidad a los mercados y los capitales volvieron a fluir hacia el Brasil, haciendo que el precio del dólar se redujera a unos 3,10 reales, lo que hizo que las ventas en las ciudades de frontera volvieran a incrementarse.

A medida que pasaba el año el escenario externo fue mejorando, pero... lamentablemente el escenario interno fue empeorando.

La disputa entre el oficialismo y la oposición colorada fue subiendo de tono a la par que la intención de avanzar en una enmienda constitucional para permitir la reelección presidencial iba haciéndose realidad.

Esta disputa política tiene como epicentro el Congreso de la Nación, en donde en este momento existe una guerra a muerte entre los sectores enfrentados.

La consecuencia de esta pelea es la paralización de las leyes impulsadas por el Ejecutivo y la rápida promulgación de leyes que puedan dañar o dificultar la gestión del mismo.

Si algo el Paraguay hizo bien en su historia ha sido su prudente manejo macroeconómico, que nos permitió tener una moneda sana como el guaraní y una estabilidad de precios que es la envidia de nuestros desordenados e irresponsables países vecinos.

Pero si algo el Paraguay hizo mal, fue la gestión para el crecimiento económico y el desarrollo social. Nuestro país es en estos momentos uno de los países económicamente más pobres y con los peores indicadores sociales de la región.

Si queremos salir de esta situación de atraso y de pobreza, tenemos que seguir manteniendo una política macroeconómica prudente, pero al mismo tiempo tenemos que realizar reformas estructurales que son fundamentales para incrementar la inversión, que es la única palanca que permite el crecimiento y el desarrollo.

Tenemos que reformar nuestra Administración Central para que gaste menos e invierta más, tenemos que reformar nuestro Poder Judicial para que ofrezca seguridad jurídica, tenemos que reformar la seguridad social para que sus fondos contribuyan al crecimiento económico y tenemos que reformar nuestro sistema educativo para poder competir en el mundo actual y para que podamos incluir a las personas que aún viven en la pobreza.

Tenemos que mantener nuestras prudentes políticas macroeconómicas que son la base para el crecimiento, pero tenemos que realizar las reformas estructurales necesarias para incrementar la inversión.

Sin embargo, estamos haciendo todo lo contrario. Debido a la terrible crispación política existente, ni se habla de las reformas y se está poniendo en riesgo la estabilidad.

En el año 2016, fuimos pasando de la amenaza externa a la amenaza interna.