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Opinión
domingo 28 de mayo de 2017, 01:00

Comandante mástil

Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

La frontera del ridículo constantemente se expande en Paraguay. Y el general Juan José Casaccia, comandante del Ejército, ha marcado un nuevo hito en ese sentido.

Al comentar la muerte del vicesargento Óscar Giménez, quien falleció tras caer al suelo de una altura de 20 metros mientras arreglaba artesanalmente una prominente enseña nacional, el jefe militar comentó que el infortunado entregó su vida "por amor al pabellón patrio".

No contento con el despropósito verbal, añadió que el suboficial estaba "altamente entrenado" para solucionar "problemas de mástiles".

A juzgar por su propias palabras, no son los mástiles el principal problema de la institución a su cargo.

Recurrir a un nacionalismo, entre obtuso e infantil, para justificar la estupidez que se cometió y provocó el accidente, es una muestra del desprecio que se tiene a la vida humana en las FFAA. Y ese menosprecio es aún mayor cuando se trata de un individuo que tiene la mala suerte de no estar en la oficialidad.

El general Casaccia debió darse el lujo de cerrar la boca. Si quería dar consuelo, no lo hizo. Por el contrario, lo suyo fue un golpe bajo a la inteligencia de los familiares de la víctima, que han de ser pobres, pero no tontos.

Este caso está rodeado de un sinnúmero de indicios nefastos. Primero, no se sabe quién dio la preclara orden, vital para la grandeza patria. Tampoco si el que operaba la grúa estaba capacitado o la máquina reunía las mejores condiciones para el cometido. Además no se tiene en claro cuál fue la patriótica tarea. La víctima tenía una protección apícola, por lo que se deduce que los feroces enemigos, de clara inspiración legionaria, eran unas avispas objetoras de conciencia.

Además, el desdichado vicesargento estaba sentado en un tablón y sujeto, como los hechos constatan, de forma absolutamente inapropiada.

Este accidente, potenciado por la increíble desaprensión de la que suelen hacer gala algunos uniformados, debe ser esclarecido. Por supuesto, no por la Justicia Militar, que suele ser más militar que justa. La Fiscalía ordinaria, algo más confiable (aunque no es para hacer hurras) debe atender esta situación si queremos acercarnos a la verdad.

Los políticos y las instituciones políticas se contentaron con evitar que las FFAA tengan la posibilidad de hacer nuevos golpes de Estado. Luego poco o nada hicieron para su verdadero mejoramiento.

Tener una institución armada realmente profesional hará que la torpeza deje de marcar el paso en las FFAA.