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Opinión
domingo 13 de noviembre de 2016, 01:00

Aislacionismo o globalización

Por Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

El inesperado triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas ha dejado perplejos y desconcertados a los miembros de las élites política, económica y académica de los EEUU y del mundo.

El triunfo de Trump ha demostrado claramente el enorme desconocimiento que existe de parte de las élites1 norteamericanas sobre lo que siente y piensa el ciudadano común de su país.

Estas élites son las que han diseñado el actual orden mundial que nos rige desde 1945. Ese orden fue pensado para que las dos grandes tragedias que había sufrido el mundo unos años antes –la gran crisis económica de 1929 y la Segunda Guerra Mundial– nunca más volvieran a repetirse.

Para tal efecto se crearon las Naciones Unidas, para preservar la paz y la cooperación; se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que se respeten la vida, la libertad y la dignidad de las personas; se crearon el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio para asegurar la estabilidad e impulsar el comercio y el desarrollo económico.

La construcción de todas estas instituciones internacionales respondió a la visión de un mundo integrado y en paz, que tenía una nueva élite moderna, educada y cosmopolita, que gobernó después de la gran confrontación mundial.

Esta nueva élite fue la que condujo el proceso de globalización en todas estas décadas, proceso que fue acelerado por una cuarta revolución industrial basada en la tecnología y en el conocimiento, que está poniendo en jaque a aquel orden mundial diseñado en 1945.

Hoy, gracias a la revolución en las telecomunicaciones, la informática, la robótica y la logística, las grandes industrias que estaban ubicadas en los países desarrollados y que daban empleo a millones de trabajadores, se han convertido en clusters de cientos de industrias ubicadas en cualquier lugar del mundo.

La mayoría de las empresas que lideran estos clusters son norteamericanas, porque en los EEUU se encuentra el centro de la innovación. En lo tecnológico el centro del liderazgo se encuentra en el Silicon Valley, California; en lo financiero el centro del liderazgo se encuentra en Wall Street, en Nueva York; en lo educativo el centro del liderazgo se encuentra en Boston y en lo político el centro del liderazgo se encuentra en Washington.

Los ganadores en la globalización son las personas muy educadas, que hablan varios idiomas, que son cosmopolitas y que trabajan en uno de los centros de liderazgo mencionados anteriormente.

Pero los perdedores en la globalización son las personas que han visto cómo la fábrica donde trabajaba se cerraba y era trasladada al Asia; o despedía a sus obreros de la producción y los reemplazaba por robots; o despedía a sus empleados administrativos y tercerizaba el trabajo en una empresa de contabilidad ubicada en la India.

Estas personas han visto cómo sus ingresos se han reducido de unos 150.000 dólares al año a menos de 50.000; estas personas ven que sus ingresos son menores a los que tenían sus padres y sus abuelos y sus trabajos son menos estables; estas personas son blancos, de clase media-baja, sin educación superior y viven en zonas rurales de los EEUU.

Estas personas son las que han votado masivamente por Donald Trump, llevando al poder a una nueva élite, aparentemente menos educada, menos cosmopolita, más nacionalista y aislacionista, y más intolerante y fanática.

Hoy, las élites tradicionales del mundo se encuentran desconcertadas, porque no se puede seguir avanzando en un acelerado proceso de globalización; porque no se quiere retroceder hacia un mayor proteccionismo y aislacionismo; y porque no se puede permanecer mucho tiempo en la indefinición actual.