Todos los hombres del ministro

En el periodismo es una muletilla hablar del Watergate, pero es más que nada un símbolo de la prensa libre, ese trabajo que terminó por anticipar la caída del ex presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, donde se dejó al descubierto como desde la Casa Blanca y dirigidos por un único líder, se quebraba los conceptos más básicos de democracia.

Diego Barreto Por Diego Barreto

El trabajo aquél que ya cumple casi medio siglo, tuvo una estupenda recreación en la cinta aclamada titulada Todos los hombres del presidente, donde, en su búsqueda de la verdad, dos periodistas –que en la afamada obra cine es interpretada por Robert Redford y Dustin Hoffman– descendían en post de desentrañar cada capa de la verdad, hasta lugares oscuros de la trama del poder donde se ve claramente cómo un grupo de hombres que se apoderan del sistema gobiernan sin escrúpulos y no defienden más verdad que las de ellos mismos.

Todo este preámbulo es para mostrar que, al igual que ayer, en democracias de hoy siguen tan campantes y protegidos por varios muros de contención, personas que dañan sensiblemente la democracia. El debilitamiento de la misma se puede dar por ataques de afuera o por la podredumbre de adentro. La justicia, en el caso que nos atañe, es uno de los pilares más descuidados por la clase que la gobierna.

En la casa de Astrea hoy se identifica, con nombre y apellido, a su principal enemigo, Antonio Fretes, alguien que desde su papel de ministro no da garantía alguna de credibilidad luego de todo lo que ya saltó a la luz: Desde el hijo que “asesoraba” por una jugosa suma a alguien que estaba en la mira de ser extraditado, lo cual es difícil creer que el ministro no sabía. Luego se ventilarían la serie de negocios atribuidos a Fretes y a sus familiares, desde casas de créditos, negocios inmobiliarios, ganaderos, etc. Además, se añaden denuncias de que Fretes habría canjeado cargos de los numerosos que hay en juego en el sistema de justicia –según denunció, sin dar nombres, el senador Ramón Retamozo– Este instrumento era, en teoría, frecuentemente utilizado para conseguir “favores” de las damas, según la denuncia realizada ante el plenario que además es secreto a voces en pasillos judiciales.

Pero son tantos los hombres que protegen a Fretes, parafraseando al título de este espacio, que una vez más vale la pena preguntarnos acerca de si los que lo protegen no son iguales a él y están dispuestos a hacer lo propio una vez que consigan el magnífico poder del que gozó todo este tiempo desde el máximo tribunal el ministro Fretes.

Todos los ministros lo protegen, apenas le quitaron la presidencia solo porque el mismo pidió permiso, acorralado por las críticas. Como se esperaba también Diputados trabó el juicio que podría anticipar su caída antes de su jubilación, temerosos, tal vez que desde la posición privilegiada del supuesto guardián de la justicia, Fretes, apelara a tomar represalias y sacar trapos sucios de más de uno.

Tampoco se rasgan las vestiduras, los gremios de profesionales, ni de fiscales ni jueces. Solo algunas individualidades osan enfrentar al próximo a jubilarse. Se dice además que tiene un estrecho vínculo con la masonería, en donde tampoco está visto, le hayan bajado el pulgar puesto que hay quiénes dicen que si desde este grupo que opera en la trastienda, le hubieran bajado el pulgar, otra sería la suerte de Fretes.

Tras esta serie de actos queda a la vista como el poder resiste hasta el último y con tal de no soltar la mano a uno de sus pares –en el caso de los ministros de la Corte– prefieren desgastarse y soportar el descrédito de la ciudadanía.

La muestra del corporativismo habla a las claras que los vicios que se criticaba a otros ministros de la Corte, a los que sustituyeron los actuales, siguen presentes en la gestión diaria de los mandamases de la CSJ.

La falta de credibilidad en la justicia y más en una débil democracia como la nuestra, hace un daño gravísimo a la imagen país de por sí ya deteriorada.

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