Opinión

Las mentiras de Nicanor Duarte y Horacio Cartes

Miguel H. López – @miguelhache

Miguel H. LópezPor Miguel H. López

Nicanor Duarte Frutos y Horacio Cartes mienten con descaro a la población sobre el asunto del juramento al Senado.

Un asunto que en un régimen democrático serio no estaría discutiéndose, aquí lo colocan como un asunto determinante para la estabilidad del proceso en el país. Todo ex presidente de la República con mandato cumplido legalmente se convierte en senador vitalicio, lo que hace que no pueda duplicar su presencia en el cuerpo colegiado.

Ambos, en cambio, buscan colocar en el imaginario que sí pueden. Expresan que la Corte Suprema de Justicia falló a su favor habilitándoles a ser candidatos al Senado. Tener allanado ese camino no es lo mismo que estar habilitado a jurar. La máxima instancia judicial de la República jamás se expidió sobre este segundo punto. Hacerlo sería además un despropósito atendiendo que en este caso no hay motivo para la interpretación, sino aplicación sine qua non del artículo de rigor. El asunto de fondo es que quieren convertir un hecho legal en político y definirlo por esa vía. Lo que ocurrió en el Senado, en ese sentido, fue de rigor legal.

Si bien ahora Duarte Frutos denuncia al, en ese momento, presidente del Congreso, Fernando Lugo, entre otras cosas por usurpación de cargo (?), al convocar a otros senadores electos en orden de sucesión de la lista colorada a jurar, porque ellos no pueden por Constitución; el parlamentario no hizo más que ejecutar su tarea y disponer el cumplimiento de la Carta Magna.

Luego Nicanor y Cartes –el primero con más desesperación– iniciaron una cruzada mediática construyendo un aparente argumento indiscutible usando como bastión la idea de voluntad popular: Que esta debe ser cumplida. Que fueron votados y tienen que juramentar, porque esa fue la decisión del “pueblo’” Sin embargo, no fueron honestos con sus sufragantes. Ofrecieron candidaturas inviables en términos de incorporación a la estructura del Poder Legislativo. (Se) postularon personas que no pueden ejercer la función para la que se candidataban. En términos pragmáticos, engañaron a sus seguidores pensando que una vez consumados los hechos sería solo cosa de legitimación política. No obstante, las imposibilidades legales son determinantes en términos de respetar o no el orden republicano vigente.

Hasta el ex ministro de la Corte Luis Lezcano Claude, pese a sus extrañas y hasta desgraciadas declaraciones por relativizar la gravedad de una transgresión jurídica, alegó que el juramento de Nicanor sería “una violación no muy importante”.

Al parecer, Nicanor vino echando mano a una frase atribuida a Joseph Goebbels, el propagandista del criminal nazi Adolf Hitler, quien decía que “una mentira, repetida mil veces, al final termina siendo una verdad” (“Eine tausendmal wiederholte Lüge endet als Wahrheit”). Aunque no la sea esencialmente, en el imaginario general adquiere legitimidad, más aún en estos tiempos de posverdad.

Ahora el asunto es políticamente judicializado; y buscan sacar fueros a Lugo por haber cumplido la Constitución. A propósito, su caso no califica como vitalicio. La máxima ley exime a los destituidos por juicio político.

En fin. Aunque las cosas parecen haberse calmado más, no hay certeza de que no intenten asestar algún golpe ilegal en los próximos días.

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