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Sucesos
miércoles 9 de noviembre de 2016, 02:00

Un gatillo fácil le cambió la vida: “Es un milagro que mi hijo esté sentado”

Un policía le disparó a Richard Pereira (25) y le dejó parapléjico. El padre cuenta que están sorprendidos por su mejoría, aunque dejó su fisioterapia por falta de recursos. Están optimistas tras la desgracia.

De poder solo mirar el techo de la habitación tras quedar parapléjico, Richard Pereira (25) tuvo una evolución muy favorable que hasta a sus padres sorprende. "Es un milagro que esté sentado", refieren sus familiares. Desde aquel día 13 de agosto, en el que una bala que le disparó un policía gatillo fácil de la Comisaría 4ª Metropolitana cambió su vida, hoy día puede moverse y sentarse para seguir ganándose la vida con lo que sabe hacer: reparar teléfonos celulares.

Richard, con cierta timidez accede a conversar y relatar su jornada diaria. Acostado en su pieza en donde tiene colgado un cartel de "Bienvenido, papá, te amo", que le entregó su hija de 2 años, realiza su labor, rodeado de sus herramientas, además de una imagen de la Virgen de la Rosa Mística, que coloca en su dirección.

OPTIMISTA. "Desde un comienzo estoy con mucha fuerza, con ganas de saber hasta dónde va mi cuerpo, tengo mucha fe y me motiva también el apoyo que recibimos de la gente. Por suerte, puedo seguir trabajando para tener un poco de dinero, porque la Policía hasta ahora no me pasó nada", menciona el joven, quien asegura que aumentó la clientela luego de sufrir el disparo.

"Mi hija es la que me motiva a luchar por volver a mi vida normal. Quiero volver a compartir con ella como antes. Hasta me alejé de ella, porque no quiero que me vea así; es inquieta y yo no puedo moverme mucho", refiere.

"Hoy (por ayer) fuimos al mercado para comprar repuestos y por primera vez tuve contacto con la gente, afuera, pero hoy me doy cuenta de que me cuesta todavía adaptarme. Tuve miedo, no quiero exponerme mucho por mi situación. Ni mi silla de ruedas podía mirar por el miedo, me costó aceptar eso. Ahora veo la vida diferente, espiritualmente te cambia", dice el joven.

Su padre, Ramón Pereira, explica que "de las axilas para abajo, mi hijo no tenía movilidad. Hoy día nosotros nos sorprendemos de su mejoría. Y todo gracias a las terapias y a las ganas que le pone. Lastimosamente, dejamos de seguir con la terapia porque tenemos una deuda de G. 20 millones. El primer mes gastamos G. 40 millones, luego G. 30 millones. Es mucho dinero y nosotros no tenemos", se lamenta el papá.

Ambos mencionan que perdieron el trabajo luego del episodio violento del que fue víctima Richard. El suboficial Johnny Orihuela fue quien disparó al joven en un procedimiento irregular que acompañó el comisario Jorge Ignacio Zárate Barreto, ambos imputados y presos.

Los agentes iniciaron una persecución, hasta alcanzar al joven y tras someterlo sobre las calles 24ª Proyectada y Pa'i Pérez, el suboficial lo hirió; también le plantaron droga y un arma de fuego en el vehículo, pero esto fue descubierto luego de una investigación fiscal. "Nosotros ahora mantenemos contacto con personas que vivieron desgracias tanto en accidentes de tránsito o víctimas de asaltantes. Yo digo que mi hijo tiene una misión luego de esto y que es ayudar a los demás, apoyando y contando su experiencia. Con todo esto, nos acercamos más a Dios", reflexiona el papá.

PYRAGÜE. Por otro lado, Ramón Pereira señala que los comisarios Mario Medina y Juan Mancuello no tienen argumentos para justificar el motivo de las averiguaciones que hicieron acerca de una reunión que mantuvieron con la diputada Olga Ferreira, miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. La autoridad denunció que los agentes estaban aplicando el sistema de pyragüereato (espionaje) y cuestionó la actitud de los uniformados.