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Opinión
domingo 30 de octubre de 2016, 01:00

Repodrido con la reelección

Por Luis Bareiro
Por Luis Bareiro

No sé ustedes, pero yo francamente estoy harto de la comezón del tercer año. Invariablemente, cuando llegamos a esta etapa de cada gobierno el administrador de turno empieza a obsesionarse con la reelección, pese a que la Constitución es absolutamente clara al respecto; "no habrá reelección en ningún caso". Punto.

Cartes está gastando un montón de plata (que le sobra) y de crédito político (que le falta) para meter de contramano la figura, mientras su propia figura política se va desdibujando aceleradamente a golpes de motochorro. Si realmente pretende tener una segunda chance de gobierno debería concentrar todas sus energías y las de su equipo en resolver el drama de la inseguridad.

Me parece que llegó el momento de cortar este culebrón reiterativo atacando su causa. Propongámonos ya mismo hacer una reforma constitucional en el primer año del próximo gobierno, digamos para octubre o noviembre de 2018. Por supuesto que no será una reforma exclusivamente para introducir la tan cacareada reelección, eso sería un despropósito absoluto. De hecho, podemos empezar a trabajar ya mismo en buscar consensos sobre todas las cosas que queremos cambiar y que sí son esenciales.

Ahora, sobre la reelección propiamente, opino que podríamos permitirla, pero con un periodo intermedio, así quién esté en el poder estará obligado a terminar sus cinco años con los mejores resultados posibles si pretende volver después. La probabilidad de una reelección inmediata repetirá el drama de los presidentes desesperados por asegurarse el bis ya desde el tercer año de mandato.

Pero la reelección, insisto, es casi una cuestión secundaria. Resolvamos primero, por ejemplo, el drama de la Justicia que no es tal. Por decir, yo prefiero ministros nombrados directamente por el presidente con acuerdo del Congreso, pero inamovibles desde su designación y por un periodo improrrogable de diez años, plazo tras el cual se deberán ir a sus casas, indefectiblemente.

Así su nombramiento será político, pero luego no necesitarán mantener dependencia política alguna ni tendrán que hacer lobby para seguir en el cargo. De paso, borraría instituciones prostituidas por los políticos como el Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Me encantaría eliminar además todos los cargos superfluos, empezando con la vicepresidencia y pasando por los consejos, la defensoría del Pueblo y hasta al subcontralor. También podríamos plantearnos reducir el número –o eliminar– gobernaciones y una buena cantidad de municipios.

También querría limitar los cargos de confianza a ministros y viceministros; incluir un artículo transitorio que permita reconcursar todos los cargos del Estado y unir a los trabajadores públicos y privados bajo un mismo marco legal laboral, eliminando de cuajo las diferencias de beneficios y obligaciones entre unos y otros.

Y puedo seguir con un montón de ideas más, pero no me queda espacio. Como ven, hay mucho por discutir sobre las potenciales reformas. Podríamos invertir nuestras energías en este debate, poniéndonos como meta parir una nueva Constitución en el 2019, y dejar de tontear infantilmente con la reelección con cada nuevo gobierno.