20 de agosto
Domingo
Parcialmente nublado
21°
Lunes
Parcialmente nublado
21°
Martes
Despejado
17°
26°
Miércoles
Despejado
23°
33°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Mundo
jueves 27 de julio de 2017, 10:11

Recurren a la fe para vencer adicciones

Cuando la voluntad flaquea, los mexicanos recurren a la fe para romper la dependencia al alcohol y las drogas con promesas a la Virgen de Guadalupe, cuya Basílica recibe al día cerca de 200 fieles que juran dejar sus adicciones.
EFE

"Es impresionante la cantidad de personas que vienen a hacer su juramento, diariamente atendemos a cerca de 200 personas", relata el sacerdote Raymundo Maya Paz, canónigo de Basílica de Guadalupe y párroco de Santa María de Guadalupe Capuchinas.

Al recinto llegan todo tipo de personas para jurar corregir el rumbo y llevar una vida correcta porque "la Virgen de Guadalupe es un imán muy grande que los atrae para encontrar un aliciente en su vida", apunta Maya.

El goteo de los fieles aumenta hasta dos mil los fines de semana y el fenómeno es especialmente notable los lunes y la primera quincena del mes de enero, después de las fiestas navideñas, detalla.

"Tras el fin de semana y unos días en desorden llegan el lunes (a jurar); en enero, en la primera mitad, son multitudes: hombres, mujeres, jóvenes, adultos, solteros, casados, viudos, de todas las condiciones sociales", apunta Maya.

A la capilla llegó Tonatiuh, de 20 años de edad, con su esposa y su suegra para prometer no beber alcohol y no robar durante un mes y medio, tiempo que se cumplirá justo antes de las fiestas de la Independencia de México el próximo mes de septiembre.

"Vine por mi propia voluntad para dejar de ser alcohólico. Vamos empezando poco a poquito, al cumplir vendré a renovar el trato", asegura este joven que reconoce que hace varios meses que ya tenía problemas por beber alcohol.

Su amigo Arturo, de 29 años, hizo el mismo juramento que Tonatiuh tras una década en la que, reconoce, se había habituado a tomar bebidas alcohólicas casi todos los días.

"Hay voluntad, mucha, para cambiar; mi familia es devota a la virgen de Guadalupe, yo apenas", sostiene Arturo, quien se dedica a lavar automóviles.

Párroco de la capilla de los juramentos situada justo detrás de la Antigua Basílica, Maya asegura que los juramentos son expresión de la fe católica, de dolor y de la pena que les provoca a las personas el hecho de haber caído en alguna dependencia.

"Los juramentos son un ejemplo de que a pesar del alejamiento de la religión, (los mexicanos) admiten que acercándose a dios y a la virgen hallan un aliciente para cambiar su vida", agregó.

Sin importa la manera en que llegaron, solos o motivados y acompañados por la pareja y la familia, los penitentes salen de la capilla motivados por el juramento y una imagen de la Guadalupana y la promesa de mantenerse lejos del pecado.

"El juramento es una oración, una orientación y motivación en el aspecto humano y espiritual, juran por el tiempo que consideran, de manera libre, con un compromiso profundo de cumplir cabalmente su palabra", asegura el párroco.

Los problemas de alcohol, tabaco y drogas son los más fuertes y frecuentes entre quienes llegan a la capilla, pero hay otras dependencias como pueden ser las apuestas, al internet, a la pornografía, la mentira", relata el párroco.

Una vez hecha la alianza con la virgen, y para ayudarlos a cumplir la promesa, la capilla ofrece a los fieles el respaldo de un grupo especial para mantenerlos en el camino.

"Hay casos en que pueden reincidir, tenemos un grupo especial de apoyo, los fines de semana, para reforzar su juramento, en sesión abierta, de reforzar a continuar, cumplir el juramento, siempre está un sacerdote, animándoles", agregó el párroco.

Para Maya, la mayor problemática que enfrentan quienes hacen juramentos es la influencia de los amigos, que puede llevarlos a quebrantar las promesas, aunque, considera que, esta presión es también la oportunidad para demostrar compromiso.

"Es el momento de demostrar cabalmente su palabra porque no damos permisos para hacer pausas y volver a aquella situación", manifiesta este sacerdote de 59 años de edad.