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ETC
domingo 6 de agosto de 2017, 17:55

¿Por qué los feos ganan mejor?

Un artículo reciente publicado en el Journal of Business and Psychology, señala que las personas menos bellas ganaron hasta el 50% más que aquellos con los prototipos de belleza convencional. Una especialista explica el por qué. Al parecer esta no es una buena noticia.

Peggy Drexler es profesora adjunta de psicología en el Centro Médico Weill de la Universidad Cornell y ex investigadora de género en Stanford. La experta habló sobre este estudio y trató de explicar los motivos, en una columna escrita para la cadena CNN.

Los autores del estudio tenían algunas reflexiones acerca de por qué sucedía esto. Una de las teorías sugirió que los muy feos simplemente eran más inteligentes o mejor educados que los más atractivos.

Drexler señala que la "fealdad premium" tiene que ver con la tendencia humana a favorecer a los que tienen las de perder, una tendencia especialmente evidente entre las mujeres.

"En vez de eso, es una forma de sexismo intra-género o un evidencia clara y preocupante de la misoginia femenina. Las mujeres tienen un deseo inherente de frenar a otras mujeres, especialmente a aquellas que perciben como más bonitas, más elegantes o más ricas", argumentó.

Para Peggy Drexler, estas tendencias también tienen relación con una tendencia de la vida real completamente solidificada por Hollywood. Ejemplificó que existen películas dónde las chicas buscan a amigas poco atractivas para hacer que se vean más hermosas.

Los autores del estudio encontraron que la "fealdad premium" no se extiende a la política, donde investigaciones previas también han demostrado que la buena apariencia sigue prevaleciendo. "Esto también tiene sentido si piensas en mujeres atractivas en la política como las que se consideran menos amenazantes", destaca la experta.

"Tal vez deberíamos estar aliviados al saber que la falta de atractivo trae ciertos beneficios. Seguramente ayuda a equilibrar la balanza, o al menos implica algún tipo de bienvenida para los desfavorecidos físicamente. Pero es difícil regocijarse cuando dicha consecuencia está prácticamente arraigada en la inseguridad y el deseo que tenemos (como seres humanos, y quizás especialmente como mujeres) de mantener a otros por debajo nuestro", concluye la escritora y docente.