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Opinión
miércoles 19 de julio de 2017, 01:00

Neoliberalismo: El amor que no dice su nombre

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

El neoliberalismo está desprestigiado como ideología política y con razón. En las tres décadas y pico de su hegemonía, ha dejado menos crecimiento y más desigualdad, además de daño ecológico. El surgimiento de políticos de derecha, como Donald Trump, nos indica una reacción –desacertada pero reacción– contra esa ideología rechazada aunque aún vigente. Aunque la difusión mundial del neoliberalismo comenzó con los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, sus comienzos se dieron en el Sur.

En 1973, Richard Nixon se declaraba partidario de las ideas de John M. Keynes, inspirador de las medidas sociales adoptadas por el presidente Roosevelt en la década de los treinta. En 1973, Augusto Pinochet daba su golpe para acabar con el Estado social, siguiendo las ideas de su amigo y asesor Milton Friedman. Otro capitoste liberal, Friedrich von Hayek, quien viajó a Chile y quedó feliz con Pinochet, le recomendó a Margaret Thatcher hacer lo mismo; ella le contestó que, en Inglaterra, no se podía gobernar como Pinochet. El neoliberalismo inspiró al golpe chileno de 1973, como golpe argentino de 1976. El régimen militar brasileño, impuesto con el golpe de 1964, para Milton Friedman estaba muy bien.

Uno podría pensar que neoliberalismo, por lo de liberalismo, tiene que ver con libertad y con igualdad, pero no lo tiene. El neoliberalismo desconfía de la democracia; afirma que la economía es una cuestión técnica y debe quedar en manos de los técnicos; como sus ideólogos, dispuestos a apoyar a los gobiernos fuertes. Hayek se ofreció a asesorar al dictador portugués César Oliveira Salazar, que no le hizo caso porque era un dictador en la línea del Caudillo y del Führer. Thatcher sí le hacía caso: tenía como libro de cabecera La constitución de la libertad. En ese libro, Hayek dice que, en términos generales, los ricos son mejores que los demás, pues no hubieran sido ricos de otro modo.

Los dictadores honestos les gustaban a Friedman, Hayek y compañía. ¿Existe el dictador honesto? En cuentas secretas de Pinochet aparecieron 27 millones de dólares; sus pares de Argentina, Brasil, Paraguay robaron un poco más o un poco menos, pero mucho. Después del neoliberalismo militar de los setenta y ochenta, América Latina conoció el neoliberalismo elegido de los noventa, con Fernando Collor de Mello, Salinas de Gortari, Gonzalo Sánchez de Lozada y otros. A Collor lo destituyeron por corrupto porque tuvo mala suerte. Sánchez se exilió en los Estados Unidos, después de fundir Bolivia. Salinas fundió México, no su economía: salió con 110 (200 según algunos) millones de dólares en cuentas secretas. La privatización, desregulación y el libre comercio han sido calamitosos; sin embargo, se los quiere restablecer y justificar con Temer, Macri y Cartes. Por lo visto, no tenemos memoria.