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Opinión
miércoles 2 de agosto de 2017, 02:00

La peste del cigarrillo

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

Hace 35 años que no fumo; he dejado de fumar definitivamente y me siento mucho mejor. En realidad, nunca me sentí bien fumando, lo que no podía era dejar de fumar, porque la nicotina es adictiva. Como ex fumador redimido, me interesa el tema del tabaquismo; como periodista, recomiendo este vínculo de la Organización Mundial de la Salud, empeñada en una campaña contra el tabaquismo desde hace años: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs339/es/. Este vínculo lleva a otros; visitándolos, me he informado de ciertos hechos que deseo compartir con el lector.

Lo que más me ha impresionado es lo siguiente: en el siglo XX, el tabaquismo causó 100 millones de muertes; vale decir, más que la Primera y la Segunda Guerra Mundial juntas. Para el siglo XXI, la información no es alentadora: cada año mueren siete millones de personas en el mundo a causa del tabaco; de esa cifra, 6 millones son fumadores habituales y 1 millón son "fumadores pasivos" (personas que respiran el aire contaminado por los fumadores). Indirectamente, ese mal hábito también afecta a otras personas, además de los muertos y de los enfermos: a los familiares y los dependientes de los fumadores activos y pasivos, privados de los medios de subsistencia por la muerte o enfermedad de los afectados. Para los gobiernos, lo que se debe gastar para atender a los afectados es una suma astronómica, que se emplearía mejor en otros servicios sociales.

Esto me recuerda a los irresponsables que provocan accidentes de tránsito, y se llevan un porcentaje elevadísimo del Hospital del Trauma en el Paraguay. Esos accidentes innecesarios, como el tabaquismo, afectan más a los países de escasos y medianos recursos: el 80% de los enviciados están en estos países, porque en los más desarrollados hay mayor conciencia y mayor restricción legal a una costumbre y una industria perniciosas. Sin estar entre los países más ricos, el Uruguay ha dado un ejemplo exigiendo que las cajas de cigarrillos tengan fotos de los efectos calamitosos del tabaquismo. La Philip Morris demandó al Uruguay ante un tribunal arbitral internacional (de los que nos quieren imponer con las APP) y perdió. No por eso las tabacaleras han desistido de su siniestro propósito de aumentar sus ventas en los países menos desarrollados: en este momento, estos países son su principal objetivo comercial, según señala una serie de artículos del periódico británico The Guardian.

Volviendo a la información de la Organización de la Salud, otro dato: el 10% de los cigarrillos consumidos en el mundo provienen del contrabando, algo alarmante: que las redes del contrabando de cigarrillos lo son también del contrabando de armas y de drogas. Yo diría que la historia se repite: en tiempos de Stroessner, las drogas llegaron al Paraguay con el contrabando de cigarrillos. ¿Nos liberaremos de esas pestes?