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Opinión
miércoles 13 de septiembre de 2017, 01:00

La lógica de los reclamos

Darío Lugo – TW: @apolo1970
Por Darío Lugo

El que no llora, no mama, expresa la frase. Y una vez más se patentizó esto en la gesta de la toma de 11 colegios emblemáticos para reivindicar derechos del alumnado, ante la carencia de elementos con los que aprender de manera coherente.

El ruido y por momentos la agitación y las crispaciones generadas en algunos centros educativos derivó luego en diálogo y en tratar de zanjar las posturas encontradas entre los estudiantes de la Fenaes y el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC).

Tuvo que entrar en escena la propia ministra de Hacienda, Lea Giménez, para plasmar en la realidad las cifras y cantidades que serán reprogramadas, con el fin de conseguir los USD 5 millones más que se destinarán a la mejora en infraestructura dentro de la siguiente administración.

No ocurrió lo mismo con los reclamos de otro gremio de estudiantes, el Unepy, cuyos dirigentes no quedaron convencidos de los ofrecimientos ministeriales, así que estos seguirán "haciendo lío" hasta conseguir sus propósitos.

El estamento oficial tuvo que hurgar en una y otra alternativa para destrabar la crisis, dentro de una coyuntura especial, en la que se gesta la recta final en el tiempo electoral, y no le conviene cultivar tanto descontento ciudadano. Se trata de saber cómo gestionar el ánimo de la gente, cuya paciencia se va perdiendo al ver un panorama en el que los recursos son muy escasos para todo el aparataje público que debe administrar las relaciones entre Estado y sociedad.

El anterior reclamo masivo que se había instalado en plena capital, con la llegada e instalación de campesinos durante 37 días, no surtió similar efecto, ya que en la gestación de ese emprendimiento hubo algunos desaciertos con respecto a exigir la total condonación de las deudas, lo que generó una reacción adversa de parte de varios sectores.

Ya resultaba muy cuesta arriba para el Gobierno asumir una jugada demasiado impopular, muy a pesar de un sector de la sociedad eternamente postergado y con una cotidianidad casi a la deriva.

Pero en la lucha de los estudiantes –no exenta de las voces que afirmaban una injerencia político-partidaria en su accionar– se evidencia la traducción de que si no se elevan voces de desaprobación o exigencias en cuanto a la política oficial de administrar, en este caso, la educación que se pretende, no se conseguirá mayor conquista que la de eternas promesas de mejorar la infraestructura y llegar a la calidad.

Este será ya el modus operandi de los sectores cada vez más organizados, que hacen sonar el clarín de los justos reclamos ante el abandono cada vez más sistemático de parte de un Estado anquilosado y que aún no logra construir pilares para sostener una correcta administración.