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Editorial
sábado 1 de octubre de 2016, 02:00

La ciudad de Asunción merece tener mejor calidad de vida

La Asunción ruidosa y desordenada reemplazó a la tranquila urbe de aljibes y jazmines. Pero el caos heredado tiene un nombre: autoridades que, con una hoja de ruta, como es el Plan Regulador, lo modificaron tantas veces que el mismo quedó casi irreconocible. En medio de todo, se debate el derecho ciudadano a vivir en una ciudad amable, con árboles, con servicios de calidad y con algo de tranquilidad; al tiempo que se debe aceptar –casi como un hecho consumado– la desaparición de zonas estrictamente residenciales. La ciudad debe pertenecer a quienes la habitan, quienes además pagan altos impuestos y tasas, por tanto tienen derecho a exigir calidad de vida. Asunción debe aprender a superar sus crisis logrando acuerdos, pero lo que no puede hacer es dejar de lado a los asuncenos.

Asunción no tuvo tiempo de adaptarse, pasó de las calles empedradas, burreritas, naranjos y flores, a calles asfaltadas y edificios de 20 pisos. En el proceso perdió su esencia, pero no solo por la construcción de ejes corporativos multimillonarios en zonas de alta densidad de tráfico, al que estos complejos aportaron más caos. Asunción comenzó a perder su esencia cuando inició el abandono de su centro histórico, cuando de alguna manera comenzó a olvidar su propia historia.

Nos vendieron el cuento de que había un nuevo centro. Y ese estaba en un lugar donde no fue planificado, por eso hubo que iniciar a las apuradas la conversión de una zona residencial en zona comercial, y a estas alturas ya está absolutamente saturada, como otras zonas antes residenciales.

Con el auge de la construcción de edificios en altura en diferentes lugares, el Plan Regulador de Asunción se fue modificando, y con eso vino la desaparición de las áreas netamente residenciales. Actualmente ya solo quedan cuatro barrios –de los 68– con la categoría AR1A, de baja densidad, que son Las Carmelitas, Herrera, Mariscal López (en el sector de las calles Sargento Gauto y Survarán) y El Dorado, ubicado entre España y Brasilia. En estos lugares solamente se pueden levantar hasta tres niveles de departamentos de vivienda, pero no de uso comercial.

Este se convirtió en álgido tema de debate en la semana, debido a que esta zona está a punto de perder su rango, lo que mantiene movilizados a los frentistas desde hace más de tres años. No se trata de una anécdota más. Por toda la ciudad, vecinos se organizan y rechazan la reconversión de sus barrios.

La cuestión es que Asunción creció sin planificación. Pese a contar con la ordenanza municipal 43/94, que establece el Plan Regulador de la capital, la anarquía es la que manda. El famoso Plan Regulador ya fue modificado más de 50 veces. De hecho que una de las primeras modificaciones fue hecha precisamente para permitir la creación de "ejes habitacionales" sobre importantes avenidas, para permitir la construcción de edificios.

Es cierto que se debe cubrir la demanda de viviendas para los habitantes, y es cierto también que han cambiado algunos paradigmas, por eso hay quienes encuentran más seguro vivir en departamentos en vez de casas con jardines y patios. El desafío es precisamente ese: encontrar un punto justo desde donde se tenga la posibilidad de vivir en una ciudad que no solamente esté pensada para los más pudientes, los que pueden comprar un departamento en un piso 18 que vale miles dólares.

Asunción tiene que seguir siendo para la gente, con calles para peatones y no solo para vehículos, con veredas y calles por donde la gente se pueda movilizar con seguridad, con espacios verdes, con plazas llenas de árboles, con parques donde los vecinos se encuentren.

No podemos seguir improvisando y cambiando el plan regulador por intereses coyunturales. Asunción no tiene por qué seguir siendo este infierno caótico y ruidoso, Asunción puede ser sostenible e inclusiva y tener calidad de vida.