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Opinión
lunes 31 de julio de 2017, 01:00

IPS: La oficina de la muerte

Sergio Cáceres Mercado – sergio209@lycos.com
Por Sergio Cáceres Mercado

Últimamente una de las predicciones que la gente gusta hacer es aquella que previene la muerte si uno se interna en ciertas terapias del Hospital Central de IPS. En dichos rincones pululan infecciones hospitalarias que liquidan rápidamente al paciente que en principio ingresó para que se lo ayude a seguir en esta vida, y no lo contrario.

Esta semana que pasó me tocó visitar a un pariente muy querido, quien soportó una semana con su enfermedad. En ese tiempo sus seres queridos veíamos cómo todos los que estaban en la misma sala eran sacados indefectiblemente por el personal de la morgue unos días después. Es cierto que, como nadie es infectólogo, no se puede asegurar a ciencia cierta si lo que mata tan rápidamente a los internados es la enfermedad con que ingresaron o una que pescaron una vez hospitalizados.

Sin embargo, hay otros males en ese hospital que se pueden experimentar y comprobar sin necesidad de tener una especialidad médica ni bioquímica. La mala onda de los profesionales de blanco es una de ellas. Con sus excepciones que se agradecen, los médicos y licenciados parecen tener una maestría en maltrato a los parientes. Aunque uno haga un esfuerzo por ser comprensivo con ellos, pues su tarea no es nada fácil, no hay duda de que la gerencia de IPS, además de las facultades de medicina y de enfermería, debe implementar capacitaciones para saber tratar con el público.

Pero hay más. La experiencia en el Hospital Central mueve a interrogantes muy básicos. Los pasillos ocupados por camas con enfermos dan la patética imagen de una estructura sobrepasada. Un enfermo debe sí o sí tener un pariente que haga guardia día y noche con una billetera bien gorda, pues los pedidos de medicamentos e implementos hospitalarios, sábanas, pañales, etcétera, llueven cada hora. ¿Qué se hace con los miles de millones que cada mes se recaudan a partir del descuento compulsivo a los trabajadores del país? ¿Cómo es posible que ninguna administración pueda solucionar estos problemas que se vienen arrastrando en IPS desde hace décadas? Es incompresible que haya millones para prestar a multinacionales de comunicación y no para mejorar el hospital.

Este es un sistema previsional para obreros, docentes, mandos medios; es decir, personas que no pueden pagar un seguro privado. ¿Eso significa que están condenados a aportar por años y recibir un servicio pésimo? El hecho de que sean de la clase trabajadora no debe implicar que pueden recibir semejante trato material y espiritual.

El Hospital Central, y varias de sus filiales seguro, es una de las estafas más grandes que se hacen a la patronal y, más todavía, al aportante. Lo bueno que se puede rescatar, que es mucho en cierto sentido, queda totalmente opacado por la horrible gestión en los temas mencionados. Cuando estábamos en la interminable espera, el pariente de otro internado dijo resignado: "En este hospital le dieron una oficina a la muerte". Por justicia, urge borrar esa imagen en la gente.