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Opinión
sábado 1 de julio de 2017, 01:00

Historia de amor de Anacleto y Cayetana

Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Cuando supo que iba a morir, Anacleto Escobar quiso realizar un último gesto de amor y desde su lecho de enfermo en el Hospital Regional de IPS, en la ciudad de Pilar, con voz desfalleciente, pidió a sus hijos Fermina y Pedro que busquen a un oficial del Registro Civil para celebrar el casamiento que le debía a su novia de toda la vida, Cayetana Román.

Fue una ceremonia sencilla y poco usual, pero no por ello menos emotiva. El novio, Anacleto, con 102 años de edad, dio el "sí" desde su lecho, con suero por vía intravenosa, y la novia Cayetana, de 93 años, sentada a su lado, aferrada a su mano, intentaba sonreír. Ambos sabían que era el final de una larga historia, pero allí estaban, románticos y dignos, cerrando el último capítulo de un romance que empezó a fines de la década del 30.

Anacleto tenía veintitantos años, acababa de regresar de la Guerra del Chaco, donde le tocó pelear siendo aún adolescente y había llegado hasta la compañía Takuara'i para actuar como músico cantante en un festival popular. Entre el público divisó un bello rostro moreno de niña-mujer, que le sonreía sin parar, y se quedó enamorado para siempre. Así comenzó el noviazgo.

Desde entonces hasta ahora transcurrieron casi 80 años y Cayetana nunca perdió esa risa mágica que encantó al héroe excombatiente. Fue esa risa, junto a la de él, la que captó la fotógrafa pilarense Karen Quintana, el 5 de enero de 2015, en una celebrada imagen que dio la vuelta al mundo y llegó a las páginas de The New York Times. Ese día Anacleto cumplía 100 años y la Gobernación de Ñeembucú le construyó una moderna vivienda, tras revelarse el insalubre rancho en que estaban viviendo. Los radiantes rostros de la pareja, al ingresar a su nuevo hogar, inmortalizados en la foto, componían la imagen viva de la felicidad.

Me tocó conocerlos personalmente días después, una cálida mañana en que aceptaron narrar su historia. A medida en que escuchaba sus pícaras anécdotas, la manera en que se sostuvieron uno a otra en medio de la pobreza para criar a sus 8 hijos, me resultaba inevitable compararlas con la historia de Florentino Ariza y Fermina Danza, los protagonistas del otoñal romance de Gabriel García Márquez en su novela El amor en los tiempos del cólera. Pero esta es una historia real. Y eso es lo bello.

Tres días después del casamiento, Anacleto murió y la sonrisa de Cayetana se apagó por momentos. Se fue el último excombatiente de Pilar y la misma tierra paraguaya que él defendió con heroísmo ahora lo recibe en su seno.

En medio de regresiones autoritarias, de un Parlamento que a veces funciona y a veces no, de una Justicia que casi nunca llega, de precios que suben y credibilidades políticas que bajan, la historia de amor de Anacleto y Cayetana es la reafirmación de que sigue habiendo personas y situaciones que nos iluminan la vida. Por eso esta crónica hoy tiene un tono distinto, aunque esencial.