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Opinión
domingo 19 de junio de 2016, 01:00

En pelea de ladinos, gana el más tramposo

Por Estela Ruíz Díaz
Por Estela Villalba

La semana se inició con la fuerte pulseada por la presidencia del Congreso. La puja entre el presidente Horacio Cartes y Mario Abdo Benítez y sus aliados opositores se definía en un cuadrilátero puramente matemático, ganaba el que lograba 23 votos, con golpes bajos, traiciones y puñaladas bajo el poncho.

Fue una pelea de ladinos y ganó el más taimado.

Las luces de neón anunciaron al ganador, pero sobretodo al gran derrotado: Cartes, que fue superado nuevamente por la alianza hilvanada entre colorados disidentes, la Multibancada (Frente Guasu, Partido Democrático Progresista, Partido Encuentro Nacional y Avanza País) así como liberales no llanistas.

El nuevo presidente del Senado y por ende del Poder Legislativo es el liberal sin bandera, Roberto Acevedo, siempre en el ojo de la tormenta cuando hay noticias del narcotráfico y el lavado de dinero.

TODO VALE. La elección de la mesa directiva de Senado y Diputados siempre se desarrolló a fuerza de alianzas coyunturales, concesiones, trueques y traiciones. Y con la participación activa del presidente de la República, cuya gobernabilidad depende ampliamente de quien esté sentado en el sillón legislativo.

Sin embargo, esta definición en el Senado tuvo ribetes inéditos, con actitudes que revelan cuán bajo ha caído la política.

LAS NEGOCIACIONES. El martes, el oficialismo convocó sorpresivamente al Senado para elegir la mesa directiva. Esto significaba que habían quebrado la disidencia y tenían la mayoría justa (23 de 45). Hasta entonces, el voto de oro era el liberal Ramón Gómez Verlangieri, quien había jurado lealtad a Marito y su grupo que entonces postulaban a Cachito Salomón. Pero el cartismo, de la mano de Víctor Bogado, hizo una jugada y logró atraer al liberal a sus filas entregándole la presidencia del Senado. Gómez llegó de EEUU y fue llevado directamente por Bogado desde el aeropuerto a una residencia oculta, fuera del radar de los disidentes. El cartismo había logrado entonces también el apoyo de Roberto Acevedo.

Pero el martes Acevedo plantó a sus aliados, alegando exceso de neblina que evitó el vuelo desde Pedro Juan. La realidad era otra, ya había cruzado al bando disidente que en un acto de desesperación le ofreció la presidencia para evitar el triunfo cartista. Y lo lograron. No solo eso, además, como corolario del golpe político integraron las ternas para la Contraloría y la Defensoría en una sesión que no duró ni media hora el miércoles.

Nocaut. Cartes quedó en el piso del ring, derrotado y humillado.

DE GANADORES Y PERDEDORES. En el estricto plano político, sin dudas, el perdedor es Cartes. Así como la derrota es huérfana, la victoria tiene muchos padres: Mario Abdo, Fernando Lugo, Carlos Amarilla, Desirée. Hasta un elemento extra Parlamento se anotó: Efraín Alegre que aprovechó para mostrarse como arquitecto clave de la jugada y así golpear a Blas Llano, cuyo delfín es su adversario en la interna liberal que se define el 26. De paso se sacó una foto oportuna con Lugo a quien busca como aliado para el 2018.

Además de Cartes, el otro que mordió polvo fue Llano, quien está empezando a pagar la factura de su excesivo acercamiento al presidente.

Y aunque es el ganador moral de la jugada, sin embargo Marito es otro derrotado. No logró la continuidad de su grupo en la presidencia del Congreso, la terna para Contraloría es totalmente opositora y en la Defensoría el candidato más débil es un colorado. Sus ex aliados coparon los cargos: Julio Velázquez es vicepresidente del Senado y Enrique Baccheta logró un puesto en el Consejo de la Magistratura. Se quedó con una secretaría, que recayó en el frustrado candidato Salomón. En un año no supo consolidar su liderazgo.

MORALEJA. Esta elección deja un sabor amargo, tanto en victoriosos como derrotados. No fue el triunfo del diálogo, el consenso, la negociación, del acuerdo, siquiera de la astucia política. Fue una historia de revanchas y venganzas. Cartes y Marito, con sus respectivos aliados, jugaron a muerte con el único objetivo de ganar, con cartas marcadas y candidatos de dudosa fama.

Fue también el triunfo de la traición. Ramón Gómez se convirtió en candidato cartista porque traicionó en el último minuto a sus amigos disidentes. Y Acevedo se convirtió en titular del Congreso porque traicionó en el último minuto a sus amigos cartistas. Coincidentemente, ambos son dirigentes inorgánicos en el PLRA, con movimientos propios, que giran con el viento que más generosamente beneficia sus intereses particulares.

Queda otra realidad que degrada aún más al PLRA y que sus respectivos aliados concluyen amargamente: hacer un trato con liberales es caminar en la cornisa porque no tienen palabra, conducta ni dignidad. "Ganaron los chantajeadores", admiten los propios triunfadores.

Los disidentes saben de la fragilidad de esta nueva mayoría. Se preguntan hasta cuándo Acevedo estará con ellos.

Y eso lo sabe el otro bando que ya maquina nuevas tentaciones.