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Opinión
domingo 5 de junio de 2016, 01:00

El revelador tramo político de Tape Porã

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

La polémica y dudosa aprobación de la ley que decidió la extensión hasta el 2053 de la concesión al consorcio privado Tape Porã de una de las rutas más importantes del país dibujó un nuevo escenario político, por un lado, y por otro, lo más grave: el sabor amargo de las sospechas de sobornos a los legisladores.

La concesión desató polémica desde el principio. Los diputados, encabezados por Ramón Romero Roa, del Alto Paraná y del riñón cartista, lideró el proyecto y la Cámara aprobó en la última sesión del año por amplia mayoría, cuyo contrato vigente se firmó el 3 de marzo de 1998 por un plazo de 25 años y debía finalizar el 3 de marzo de 2023. Es decir, se aprobó una concesión por 30 años 7 años antes de la finalización del contrato. Se argumentó que esta vía rápida legal era la mejor alternativa para posibilitar a corto plazo la realización de los trabajos de duplicación porque el Estado no tiene la plata ni la capacidad para hacerlo rápido. El progreso fue la otra bandera agitada, como argumentó un enojado Blas Llano, líder del PLRA: "Nunca vamos a salir adelante si no atendemos mínimamente la necesidad que tenemos. Nuestras rutas son lamentables; a veces da ganas de decir que se dejen las cosas así como están y nos jodemos todos. No queremos progresar".

Pero los argumentos bondadosos del proyecto chocan con la falta de coraje de los defensores del tema. En Senado no se animaron a defender públicamente y optaron por dejar sin cuórum la sesión y así lograr la sanción automática de la ley.

QUIéN ES QUIÉN. Tras la polémica por las dudas sobre la cantidad de votos, el martes se aprobó una nueva votación para el jueves 2, pero el oficialismo y su satélite Unace, más el PLRA llanista, efrainista y otros no participaron en la sesión. Entre los ausentes resaltaron 13 colorados que simpatizan con el oficialismo del total de 19 que tiene la bancada de la ANR; 11 de 12 liberales; los 2 oviedistas y Adolfo Ferreiro, de Avanza País.

En nuevo y definitivo round sirvió para graficar los reacomodos. Luis Castiglioni, quien argumentó en contra del proyecto incluso calificándolo de inconstitucional, se ausentó alegando reposo médico. Carlos Núñez pasó de la disidencia al cartismo con la velocidad de un avión. Cartes lo llevó a París para asegurar su lealtad. Llamativas ausencias de los disidentes Juan C. Galaverna y Silvio Ovelar, a los que se sumó Ferreiro, que anda coqueteando con el cartismo en las negociaciones para la mesa directiva.

Entre los liberales no sorprende la postura llanista, que sigue dando soporte al presidente. Efraín Alegre enterró momentáneamente el hacha en su partido y sus senadores se sumaron al asunto. Hasta Luis Wagner, feroz crítico del cartismo, se alineó.

Emilia Alfaro fue el solitario voto liberal en contra.

VALE TODO. La aprobación vía sanción automática de la concesión revela un nuevo escenario favorable a Cartes, que como nunca operó a favor de la ley que le beneficia por dos vías: le resuelve una obra pública de envergadura y asesta un duro golpe a Mario Abdo Benítez. Va recuperando terreno en el Senado, y en Palacio ya se habla en tono triunfal del bloque H 13 en Senado (colorados más los dos oviedistas). Sumando a los liberales llanistas y votos ocasionales de Avanza País, puede imponerse cómodamente.

Ahora la presidencia del Senado es el objetivo. Esta votación de Tape Porã le dio bríos para pelear con más fuerza el cargo. Y si corre la nueva mayoría, la agenda continúa con el varado juicio a la Corte Suprema, la Contraloría y otros asuntos.

MANIOBRA PELIGROSA. La votación a favor de la concesión dejó mal parados a casi todos. Nadie cree que los senadores apoyaron la ley por el progreso en abierta violación a las leyes y el sentido común.

La gran victoria política del presidente, sin embargo, echa por tierra su discurso de la transparencia y la legalidad que vino construyendo estos años para operar a la vieja usanza política: aparte de llevarse a París un voto disidente, usó Itaipú para darle un cargo al hermano del senador Núñez y obligando a Castiglioni a cambiar groseramente de posición. Los liberales ratificaron su condición y algunas llamativas ausencias no hacen sino aumentar las sospechas.

En términos estrictamente políticos, Cartes se llevó una gran victoria aunque el gol lo haya hecho con la mano. Tanto, que algunos ultracartistas se frotan las manos con la idea de la reelección.