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Opinión
sábado 27 de agosto de 2016, 01:00

Atrapados dentro de un automóvil

Por Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Nervioso, sudoroso, negándose terminantemente a abrir la ventanilla de su automóvil bloqueado por los estudiantes y a pronunciar palabra alguna ante los micrófonos de las cámaras de televisión que transmitían la escena en vivo y en directo.

Así se lo veía en la noche del miércoles al rector de la Universidad Nacional de Asunción, Abel Bernal, cuando intentaba retirarse tras la asamblea en la que acababan de dar un golpe de Estado a la reforma del estatuto de la UNA, desechando el proyecto elaborado durante meses por la comisión especial con los estudiantes y aprobando otro proyecto metido a último momento y a contramano por el vicedecano de Derecho, Osvaldo González, que mantiene la misma estructura autoritaria.

Qué distinto ese Abel Bernal al que asumía su cargo de rector en octubre del 2015, con el rostro sonriente, en la cresta de la ola de la gran movilización estudiantil #UNAnotecalles, aclamado por esa multitud de jóvenes en rebeldía, prometiendo trabajar codo a codo con los estudiantes para reformar la UNA.

Qué distinto ese Abel Bernal a la imagen de este hombre sudoroso, atrapado dentro de su auto por la misma multitud de jóvenes que antes le gritaban "¡ídolo!" y que ahora le gritan "¡Judas!" y "¡traidor!".

Es inevitable asociar la imagen del rector preso en su auto rodeado por la movilización estudiantil, con otra muy similar, hace pocas semanas, del decano de Filosofía, Ricardo Pavetti, también retenido en su auto durante varias horas, tras otra cocinada a espaldas de los alumnos, esta vez para reelegirse en el cargo.

O con esa otra imagen aún más emblemática, de casi un año atrás, con la funcionaria del Rectorado María del Carmen Martínez apodada "la comepapeles", también retenida dentro de una camioneta por los estudiantes, luego de haber sido descubierta tratando de destruir documentos de pruebas de la corrupción.

Si esto sigue así, las imágenes de autoridades y funcionarios universitarios atrapados dentro de un automóvil durante horas por miles de jóvenes indignados se volverá un nuevo ícono de la lucha estudiantil, esas que se graban en el inconsciente colectivo.

Hay quienes dicen que la acción constituye una privación ilegítima de la libertad, pero qué fiscal puede sostenerlo ante eso jóvenes traicionados por aquellos en quienes confiaron.

#UNAnotecalles ha sido hasta ahora la revuelta estudiantil más grande y más importante en la historia del Paraguay, una movilización que caló hondo en el alma de gran parte de la sociedad, que despertó el entusiasmo y las ganas de creer en las utopías, la contagiosa sensación de creer que un cambio todavía es posible en este azaroso país.

Quizás el error de los estudiantes fue pecar de ingenuos, creer que sus nuevas autoridades habrían aprendido la lección y apostarían por un proceso distinto.

Pero no fue así y allí están otra vez cientos de banderas rebeldes izadas en facultades, rectorados, campus y calles. Allí están otra vez, para enseñarnos una vez más que nada cambia si no lo forzamos a que cambie. Es que así se hace la historia.