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Opinión
jueves 12 de enero de 2017, 02:00

ANDE: Crónica de un cortocircuito anunciado

Miguel Benítez – TW: @maikbenz
Por Miguel Benítez

El consumo de energía del sistema interconectado nacional (SIN) está creciendo cerca del 10% anual. El 19 de febrero de 2016, el pico de demanda alcanzó los 2.917 megavatios (MW) y hace tres días el consumo trepó a 2.950 MW, en horas de la siesta. Es lógico que los topes se sigan sobrepasando en el futuro, puesto que la ciudadanía no tiene por qué pasar mal en épocas de calor y tiene todo el derecho de acondicionar su hogar para hacer frente a las elevadas temperaturas. Lo que no es lógico es que la ANDE no acompañe, o no le permitan acompañar, esta mayor demanda y ocurran hechos lamentables como el sucedido en la subestación de Tres Bocas, y, anteriormente, en las instalaciones de San Lorenzo y Lambaré.

Varias de las infraestructuras de la estatal ya llevan décadas en funcionamiento y, como se puede observar, los trabajos para repotenciarlas o reemplazar los equipos no se hicieron en tiempo y forma debido a diversos factores (mala gestión, negligencia, etc.). Además, la ANDE necesita nuevas subestaciones en sitios estratégicos, por una cuestión básica. Se tienen más usuarios en el área metropolitana, hay una mayor carga y las subestaciones antiguas ya no dan abasto. Que los vecinos y los ediles oportunistas coloquen trabas a estas obras en nada ayuda a mejorar el panorama.

Evidentemente, la empresa pública padece un mal endémico desde hace 20 años, producto de los manjares partidarios y la mala administración que desempeña el Poder Ejecutivo, que todavía cree que la buena calidad del suministro de energía eléctrica está garantizada solo por superar récords en Itaipú y Yacyretá. La ANDE no hizo las inversiones necesarias en el sistema de distribución, en el momento indicado; es algo más que remanido. Y el tiempo no perdonó ni perdonará.

Para el 2025 requiere USD 7.000 millones (siendo que en el 2011 precisaba USD 5.000 millones) y a la fecha solo tiene asegurados recursos por aproximadamente USD 1.500 millones. Solo el sistema de distribución demanda USD 2.100 millones. Todo el dinero proviene de créditos de organismos internacionales. No hay apoyo estatal y, al contrario, Hacienda recorta el presupuesto de la ANDE y ni siquiera se plantea darle parte de los recursos que ingresan por cesión de energía de Itaipú y que son dilapidados en el Fonacide a manos de intendentes y gobernadores inescrupulosos.

Es válido que la gente cuestione a la ANDE por cada corte de luz, dado que nadie merece pasar horas utilizando velas, pero es necesario que de una vez por todas se analice este problema más allá de la gestión de la compañía. Sí, es deficiente en muchos sentidos y mucha responsabilidad tienen las autoridades que desfilaron, pero también se debe reconocer que los obstáculos están allí.

El sector eléctrico en general tiene una estructura desfasada. Es increíble cómo en un país que se jacta de ser el mayor productor de energía hidroeléctrica no exista un Ministerio de Energía y se pisotee la autarquía de su principal entidad distribuidora y comercializadora, como lo es la ANDE.

Mientras políticos sigan queriendo manejar e influir sobre entidades técnicas y especializadas, solo para asegurarse votos en las urnas cada cinco años, seguiremos pasando muchas noches en vela.