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Editorial
domingo 13 de agosto de 2017, 01:00

Aumento de exportaciones: Se debe atender su composición

Los reportes del Banco Central del Paraguay muestran un repunte de las exportaciones durante el primer semestre de 2017. Este es un buen signo macroeconómico que coincide con la expectativa de crecimiento económico. Paraguay es uno de los países de la región que mantienen niveles relativamente altos de crecimiento del producto con respecto al resto. No obstante la buena noticia, es necesario tomar con precaución estas cifras teniendo en cuenta la concentración de las exportaciones en pocos rubros y mercados, lo que conlleva riesgos y volatilidad de la economía.

La histórica dependencia externa de nuestro país de pocos bienes y mercados se agrega a la vulnerabilidad que genera el origen agropecuario de la mayoría de los rubros exportados. Si a ello se suma el bajo nivel de valor agregado, la situación se complica.

Una mejor perspectiva se vislumbra si se considera que, aunque muy lentamente, algunos mercados se han diversificado y hay una tendencia al aumento de exportaciones con mayor nivel de industrialización, como es el caso de los derivados de la soja y la producción de la maquila.

De todos modos, se requiere mayor profundidad en el análisis de la información disponible para conocer a cabalidad los efectos internos de estos cambios. Las exportaciones no solo son importantes porque generan las divisas que requiere la economía, sino también porque abren las puertas del mundo al país.

La demanda externa tiene la potencialidad de impulsar procesos de mejora en todos los ámbitos. Los estándares de calidad de los bienes y servicios que exigen suelen ser mayores que los existentes al interior del país, lo que obliga a mejorar la calidad de la producción.

Estas mejoras pueden llegar a los consumidores internos, tanto en términos de precios como de calidad. En el caso de Paraguay, algunos ejemplos son las motos y la carne. Nadie puede poner en duda el efecto positivo como medio de transporte de las motocicletas o de las mejoras en la carne para el consumo interno.

Por supuesto, esto no significa que se nieguen las consecuencias negativas de los accidentes o que el acceso a una mejor carne se limite actualmente a una minoría que la puede pagar.

Las mayores exigencias externas imponen al sistema educativo ampliar la cobertura, diversificar la oferta y mejorar los resultados educativos. Si bien estos deberían ser objetivos nacionales en sí mismos, la presión externa puede contribuir a impulsar con mayor fuerza cambios en la gestión pública. Un ejemplo se observa en el sector turismo, que ha fomentado la apertura de nuevas carreras técnicas y universitarias y la profesionalización de ocupaciones que hasta ahora eran oficios desvalorizados.

El desafío mayor para nuestro país es hacer que el buen desempeño macroeconómico, en este caso medido por los buenos resultados en las exportaciones, se traduzca en beneficios a nivel microeconómico.

Los mecanismos de transmisión no son automáticos. Eso lo sabemos de los países exitosos europeos y asiáticos que lograron que su inserción internacional se traduzca en desarrollo.

De otra manera estaremos ante la situación actual. Crecemos y exportamos en un escenario de estabilidad macroeconómica, pero con un aumento del desempleo y magros resultados en los niveles de ingresos de la población.