Presupuesto en peligro ante la voracidad

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Como bien lo alertó el ingeniero Paul Sarubbi durante la 3ª edición del Foro y Exposición de la Cámara Vial Paraguaya, y como lo hacen tantos economistas bastante seguido, Paraguay atraviesa momentos económicos delicados, porque aunque contemos con lineamientos básicos de política pública, “cuando se caldean los tiempos de campaña lo político puede atropellar lo económico, sembrando incertidumbre”. Lo que el señor Sarubbi no dijo es que este país está en constante campaña política y que se está hablando de nuevo de default, lo que significa que el Estado no podrá cumplir con sus compromisos financieros externos, que a su vez genera consecuencias graves y diversas.

Los números no son alentadores. De acuerdo con los datos brindados por el viceministro de la Subsecretaría de Estado de Economía, Iván Haas, Paraguay pasó de una deuda pública de 8,1% del producto interno bruto (PIB) en 2011 a 37,1% en 2022 (363% más). Otro dato terrible es que se están tomando créditos o utilizando donaciones para pagar salarios. Sí, leyó bien, empréstitos y regalos para pagar remuneraciones.

Y para muestra basta un botón, acorde a la frase. Ocurre que Diputados y Senadores, una vez más, no hicieron caso a advertencias y críticas y ratificaron la ampliación presupuestaria de G. 20.355.410.837 para ambas cámaras del Congreso, propuesta que había sido vetada por el Ejecutivo. Del aumento, más de G. 19.000 millones corresponden a recursos del Tesoro Nacional y G. 415 millones a una donación de Taiwán, según publicó el diario Última Hora. Así es, el monto puede parecer ínfimo para un Estado, pero estamos pagando salarios con donaciones, y haciendo caso omiso a las alarmas.

Mientras tanto, desde el Poder Ejecutivo avisaron sobre el posible default ante el desorden financiero generado con las ampliaciones aprobadas “y que podría llevar a una grave situación de no cumplir con el pago de sus obligaciones”. Con la consecuente preocupación del sector privado, el presidente Mario Abdo anunció que esta semana habrá una reunión con empresarios e industriales para sentar postura y buscar una solución. Bien, bien.

Esperemos que el Gobierno y sus secuaces, junto con el sector no público, reflexionen también sobre la baja presión tributaria que tiene el país y que efectivamente no nos permite tener mejores servicios para todos, porque es apenas en torno al 10% del PIB. Ya lo señaló certeramente un ex presidente paraguayo: “las grandes empresas están subsidiadas en el Paraguay con el impuesto más bajo del mundo”; pero el mandatario actual prefiere ver la situación como una oportunidad, sí claro, conveniencia para los que justamente más tienen. Así es como observo que el Gobierno tampoco pretende demasiado para reformar las políticas económicas del Estado, pero el muerto se asusta del degollado Congreso Nacional.

A la baja carga tributaria para los más ricos, se suma la irresponsabilidad del sector político, y la violación flagrante de leyes como la de responsabilidad fiscal. Me pregunto cómo mientras la normativa estipula claramente 1,5% de déficit anual esta obligación se dejó claramente de lado los últimos años, aunque la norma señala taxativamente que su incumplimiento “por parte de los funcionarios responsables en el correspondiente nivel de la administración pública será considerado como mal desempeño de sus funciones y se aplicarán las sanciones previstas en las disposiciones legales pertinentes”. ¡Ay, ay ay!

El ministro Haas contaba (en el evento mencionado al principio) que el déficit fiscal apunta al 2,3% en 2023 y que se espera que en el 2024 baje al 1,5%. Ojalá, pero mientras se viola la ley, quiénes pagarán. Lamentablemente por robos bagatelarios se somete a la gente al escarnio público y hasta a la privación de libertad; en tanto que multimillonarios robos como el de la deuda espuria de Itaipú siguen sin ninguna consecuencia. Me resulta asqueroso. Paren con su voracidad por favor.

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