Correo Semanal

Wallerstein y el reencantamiento del mundo

 

Roberto Cañete

En mi consulta de los procesos de reconceptualización, o “mirar con otros ojos”, diferentes a las ciencias sociales positivistas, cuantitativas y lineales, ocurridos en simposios académicos mundiales, entre otros, encontré dos importantes que son: el realizado en Cartagena de Indias, Colombia, en abril de 1977, bajo el título de Crítica y Política en Ciencias Sociales, conducido por un comité organizador presidido por el sociólogo Orlando Fals Borda, y cuyo contenido fue impreso en dos tomos publicados por la editorial Punta de Lanza, en Bogotá, 1978. Diez años más tarde se realizó un segundo simposio en el mismo lugar.

Más adelante, en julio de 1993, patrocinada por la Fundación Gulbenkian, se instala la Comisión para la Reestructuración de las Ciencias Sociales, bajo la presidencia de Immanuel Wallerstein, y con la presencia de diez prestantes académicos de varios países: seis de las ciencias sociales, dos de las humanidades y dos de las ciencias naturales. Entre los mismos se encontraba el Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine. Luego de varios encuentros, en junio de 1995 producen un informe que se formaliza en un libro: Abrir las ciencias sociales, editado por Siglo XXI editores y coordinada por Pablo González Casanova.

El informe tiene cuatro capítulos. “La construcción histórica de las ciencias sociales desde el siglo XVIII hasta 1945”, “Debates en las ciencias sociales, de 1945 hasta el presente”, “Qué tipo de ciencia social debemos construir ahora” y una conclusión: La restructuración de las ciencias sociales.

Ciencias sociales vs. Poderes existentes

Haré una cita clave del informe de Wallerstein, porque puntualiza lo nuclear del mismo: “Hay probablemente tres problemas teórico-metodológicos centrales en torno a los cuales es necesario construir nuevos consensos heurísticos a fin de permitir avances fructíferos en el conocimiento”.

Solamente citaré el primero de esos problemas, el que se refiere a “la relación entre el investigador y la investigación”. Dice Wallerstein que a comienzos de este siglo Max Weber resumió el pensamiento moderno como el “desencantamiento del mundo”. El concepto de “desencantamiento del mundo” implica para las ciencias sociales que la historia “no se reescribiera en nombre de las estructuras de poder existentes”. Para Wallerstein, esa demanda “fue un paso esencial en la liberación de la actividad intelectual de presiones externas incapacitantes y de la mitología”.

Sin embargo, el “reencantamiento del mundo” es una cosa diferente. “Es un llamado a derribar las barreras artificiales entre los seres humanos y la naturaleza, a reconocer que ambas forman parte de un universo único enmarcado por la flecha del tiempo”, escribe el sociólogo. El reencantamiento es una liberación del pensamiento humano. “El problema fue que, en el intento de liberar el espíritu humano, el concepto del científico neutral (solución propuesta no por Weber, sino por la ciencia social positivista) ofrecía una solución imposible al laudable objetivo de liberar a los estudios de cualquier ortodoxia arbitraria. Ningún científico puede ser separado de su contexto físico y social. Toda medición modifica la realidad en el intento de registrarla. Toda conceptualización se basa en compromisos filosóficos”, ahonda.

La creencia en una neutralidad ficticia es un obstáculo. Lo que representa un problema mayor para los científicos sociales. Traducir el reencantamiento del mundo en una práctica de trabajo razonable no será fácil, explica Wallerstein, pero para los científicos sociales es una tarea urgente.

LA REESTRUCTURACIÓN

Sigue escribiendo Wallerstein: “Nos encontramos en un momento en el que han sido cuestionadas y están tratando de surgir estructuras rivales. Creemos que la tarea más urgente es que haya una discusión completa de los problemas subyacentes. Esta es la función principal de este informe, alentar esa discusión y elaborar los problemas interconectados que se han presentado”.

Para él y aquellos que participaron del encuentro de 1995, hay por lo menos cuatro clases de procesos estructurales que se deberían alentar en el ámbito universitario de producción de conocimiento: “La expansión de instituciones, dentro de las universidades o aliadas con ellas, que agrupen estudiosos para trabajar en común y por un año en torno a puntos específicos urgentes; el establecimiento de programas de investigación integrados dentro de las estructuras universitarias, cortando transversalmente las líneas tradicionales, con objetivos intelectuales concretos y fondos para periodos limitados (alrededor de cinco años); el nombramiento conjunto obligatorio de los profesores; y el trabajo adjunto para estudiantes de posgrado”.

Y concluye: “Lo más importante, repetimos, es que los problemas subyacentes se discutan con claridad, en forma abierta, inteligente y urgente”.

(*) Doctor en Educación. Coordinador de la Carrera de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Encarnación.


El pasado 31 de agosto falleció en Nueva York, su ciudad natal, el sociólogo Immanuel Wallerstein, teórico del análisis de sistema-mundo que explica el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas a lo largo de la historia. Reseña de uno de sus textos más conocidos.

La creencia, en la ciencia, en una neutralidad ficticia es un obstáculo. Representa un problema mayor para los científicos sociales.

Ciencias sociales

Breve perfil
Immanuel Wallerstein nació en la ciudad de Nueva York, el 28 de setiembre de 1930. Estudió en la Universidad de Columbia, donde se graduó en 1951. Obtuvo su maestría en 1954 y el doctorado en 1959.
Más tarde desarrolló su trabajo como conferencista hasta 1971, año en que se hizo profesor de sociología en la Universidad de McGill. En 1976 emigró a la Universidad de Binghamton (SUNY), puesto que ocupó hasta que se retiró en 1999.
Entre sus obras destacan Cambio social (1966), El moderno sistema mundial (3 vols., 1974-1980), Economía del mundo capitalista (1983), El capitalismo histórico (1988), Raza, nación y clase (1991) y El futuro de la civilización capitalista (1997).
El sociólogo argentino Atilio Borón escribió a raíz de su muerte: “Wallerstein no solo cumplió a cabalidad con el principio ético que exige que un académico se convierta en un intelectual público para que sus ideas nutran el debate que toda sociedad debe darse sobre sí misma y su futuro, sino que, además, siguió una trayectoria poco común en el medio universitario. Partió desde una postura teórica inscripta en el paradigma dominante de las ciencias sociales de su país y con el paso del tiempo se fue acercando al marxismo”, concluyó el autor de Estado, capitalismo y democracia en América Latina.

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