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Visita a Lula: Espiritualidad y política

“Fue una visita de amistad de 30 años y por la comunión de causa: la liberación de los empobrecidos y para reforzar la comunión espiritual de la vida.

Lula es un hombre religioso, pero de religiosidad popular, para la cual Dios es una evidencia existencial.

En la cabecera de la cama hay un crucifijo. Aprovecha el tiempo de reclusión estricta para reflexionar, meditar, revisar tantas cosas de su vida y profundizar en las convicciones fundamentales que dan sentido a su acción política, lo que su madre Lindu (a la cual siente como un ángel protector e inspirador) siempre le repetía: “sé siempre honesto, y luchar y otra vez luchar”.

Ve en esto el sentido de su vida personal y política: luchar porque haya vida digna para todos y no solo para algunos a costa de los demás. La grandeza de un político se mide por la grandeza de su causa.

Así es como se mantiene tranquilo, pues repite que vive de esta verdad interior que posee fuerza propia y que va a revelarse un día. “Solo quiero que sea después de mi muerte, pero también en mi tiempo de vida”.

“Quiero llevar adelante la recuperación de los pobres y hacer de las políticas sociales en favor de ellos, políticas de Estado y que los costos, que son inversiones, entren en el presupuesto de la Unión. Voy a radicalizar estas políticas para los pobres junto con los pobres y así dignificar nuestro país”.

La meditación le ha hecho entender que esta prisión tiene un significado que le trasciende a él, a mí y a las políticas públicas. “Debe ser el mismo precio que Gandhi y Mandela pagaron con prisiones y persecuciones para alcanzar lo que alcanzaron. Así lo creo y espero que es lo que estoy pasando ahora”.

“Yo entré para animarlo”, escribe Boff, “y salí animado”.

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