Política

Versión de Itaipú no coincide con el relato de indígenas sobre destierro

El informe enviado por la binacional al Congreso dice que la comunidad Sauce fue reasentada en los años 80 en tierras compradas. La historia que relatan los sobrevivientes es de total abandono.

La Itaipú Binacional remitió un informe a la Comisión de Pueblos Indígenas de la Cámara de Senadores donde sostiene que cumplió a cabalidad con las comunidades indígenas que desterró en la década de los 80. Específicamente, sobre la comunidad Sauce señala que fueron reasentados en la colonia indígena Itabó Guaraní, propiedad de 1.000 hectáreas, supuestamente compradas por la binacional.

Sin embargo, la versión de los indígenas y del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (Ceaduc) señala que este grupo, compuesto por 55 familias, fue arrojado desde camiones al lugar denominado Vacaretã, y desde ahí tuvieron que atravesar un esteral caminando hasta la colonia indígena Jukyry.

Esta propiedad supuestamente comprada por el IBR, sin título hasta la fecha, fue objeto de intentos de ocupación por parte de campesinos y hasta del entonces senador liberal Alfredo Jaeggli en el 2008.

El relato de lo vivido por los indígenas en este lugar es apocalíptico, ya que luego de vivir toda su vida del río Paraná, llegaron a un lugar donde no sabían dónde había agua, no había montes ni animales para cazar, ni condiciones para cultivar. Cuentan que padecieron hambre, enfermedades, muchos murieron y que apenas cada tanto aparecía una ayuda del Proyecto Guaraní con comida en mal estado, como grasa de animal rancia o porotos con gorgojo.

La vida de los Ava Guaraní paranaenses antes de Itaipú era próspera y feliz, según relatan. Vivían cruzando el río hacia el lado brasileño y paraguayo, comerciando productos, pescando, cultivando sus chacras y utilizando la medicina del bosque.

Diferencias. El informe de Itaipú remitido en mayo de este año al Congreso señala que la comunidad indígena de Puerto Sauce se encontraba asentada en los años setenta en “propiedades privadas”.

Sin embargo, las investigaciones históricas, socioculturales y arqueológicas que financió Itaipú en ese tiempo, y que el propio informe cita, señalan que la comunidad se encontraba en una propiedad denominada Reserva 8 y que esta pertenecía al Instituto de Bienestar Rural (IBR), es decir, tierras públicas, no privadas.

Otro aspecto que señala la versión de Itaipú remitida al Congreso este año es que la comunidad recibió apoyo para desarrollo agrícola, consistente en provisión de alimentos, de equipamientos, productivos básicos, asistencia agrícola y asistencia sanitaria.

“Con estas acciones, la Itaipú Binacional cumplió lo acordado con las instituciones gubernamentales y no gubernamentales involucradas, afines a las comunidades indígenas y a todas las legislaciones nacionales e internacionales vigentes de la época”, dice la nota.

La versión de los indígenas y de los estudios antropológicos es que el sitio donde terminaron las familias de Puerto Sauce y de otros lugares no fue la colonia Itabó, sino Jukyry, en Canindeyú, lugar donde varios “murieron de tristeza”.

La hermana Mariblanca Barón, antropóloga y estudiosa de la historia de los Ava Guaraní paranaenses, relata que el ex dueño de Itabó, de apellido Rivas, le señaló que la Itaipú no le compró las 1.000 hectáreas de dicha colonia, sino que ellos donaron para los indígenas.

La otra propiedad que Itaipú dice que compró es la colonia Ko’eju, en Itakyry, 1.000 hectáreas. El resto de las tierras donde fueron reasentados los nativos las compró la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) o el IBR, y eran lugares donde ya existían otros grupos indígenas.

Itaipú sostiene que el valor de las propiedades que adquirió para los indígenas es de unos USD 15 millones, y dice que en los últimos años desarrolló “acciones socioambientales” por un valor de G. 4.257.792.600.

Extraños. La historia que relatan los abuelos Ava Guaraní paranaenses es de constante migración a otras comunidades donde nunca se sintieron parte, ya que ellos eran diferentes a los otros grupos.

“Los paranaenses no nos encontrábamos a gusto donde nos íbamos. Éramos como peces fuera del agua. Nadie nos comprendía, nosotros éramos diferentes. De repente nos desalentábamos, nos enfermábamos y mucha gente murió a causa de tristeza. Muchos niños y adultos se fundieron al llegar a Jukyry, algunos por tristeza, otros por no adaptarse a su nueva comunidad”, relató doña Sixta Martínez, una de las abuelas sobrevivientes de la tragedia de los Ava Guaraní paranaenses con la llegada de Itaipú.

Contó a ÚH que cuando les hablaron de salir de sus tierras, les prometieron que volverían al lugar, pero que al no suceder esto y ver que sus tierras no se inundaron completamente, se sintieron engañados, por eso ahora luchan por volver y recuperar lo suyo.

La ocupación actual de familias de la comunidad Sauce en su territorio ancestral frente a la reserva Limoy es combatida por la Itaipú, que impulsa una demanda de desalojo y sostiene que sus áreas protegidas no pueden albergar asentamientos. Sin embargo, clubes y empresas privadas sí las explotan.



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