Editorial

Venta de víveres del MEC exige revisar ayudas asistencialistas

Es el rostro de la necesidad y la marginalidad social, pero también de la corrupción. Un reportaje investigativo publicado ayer por este diario reveló cómo los víveres que el Ministerio de Educación distribuye gratuitamente en reemplazo del almuerzo escolar son comercializados abiertamente en las redes sociales. La situación plantea una revisión necesaria de los sistemas de ayuda asistencialista en el contexto de la pandemia. Los programas de transferencia condicionada de recursos (TCR) tienen como objetivo reducir la pobreza con programas de asistencia social condicionados a las acciones de los receptores, siempre y cuando sean bien implementados, no caigan en usos proselitistas ni en desvíos por falta de un buen control. Emprendimientos como Pytyvõ demostraron que la asistencia monetaria directa a las familias humildes es una mejor solución que el reparto de víveres.

Cuando existe una práctica instalada de corrupción en la administración pública y en sectores de la sociedad, las mejores intenciones acaban siendo distorsionadas.

Es lo que sucede en gran medida con los kits de alimentos que el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) viene repartiendo en reemplazo del almuerzo escolar que se ofrecía durante las clases presenciales. En el contexto de la pandemia del coronavirus, se ha decidido entregar directamente víveres a las familias de los alumnos. Un reportaje investigativo publicado ayer por este diario demuestra, sin embargo, que una gran cantidad de dichos víveres se ofrecen abiertamente en venta o trueque a través de las redes sociales, a pesar de la expresa prohibición de que puedan ser comercializados.

De acuerdo con el reporte periodístico, desde 50 mil guaraníes se ofrece una variedad de productos del kit escolar, que incluyen 2 kilos de harina de maíz, dos paquetes de locro de 800 gramos cada uno, almidón de mandioca, una botella de aceite, 2 kilos de poroto, 4 kilos de fideos y 500 gramos de sal fina. El precio es más caro si, por ejemplo, el paquete contiene además leche.

Además, los kits de alimentos también se ofrecen en las redes de internet en trueque a cambio de teléfonos celulares o joyas, entre otros elementos. Con un simple recorrido por los grupos de comercio en Facebook se pueden observar los diferentes casos, pero el director general de Bienestar Estudiantil del MEC dijo que no podían intervenir mientras no reciban una denuncia formal de los casos.

El reporte periodístico también destacó que los paquetes de alimentos distribuidos por el MEC no alcanzan a todos los estudiantes. No solo hay reclamos por faltante de kits, sino también por la calidad de los productos. El propio ministro de Educación, Juan Manuel Brunetti, reveló que ya no cuentan con presupuesto para llegar a todos. De acuerdo con los datos de la Dirección General de Bienestar Estudiantil del MEC, este año recién 2.162 alumnos recibieron los kits de almuerzo escolar. La merienda alcanza hasta la fecha a 258.000 escolares en todo el país, de 1.200.000 matriculados. Según Contrataciones Públicas, solo para el almuerzo escolar y para la colación de alimentos (para el turno noche), el MEC cuenta con un monto total adjudicado de G. 337.492.750.770 hasta el 2022. Estos recursos no alcanzan para universalizar el programa de alimentación escolar.

Probablemente el hecho detectado tenga un impacto reducido en comparación con otros hechos de corrupción, pero la situación plantea una revisión necesaria de los sistemas de ayuda asistencialista del Gobierno en el contexto de la pandemia.

Los programas de transferencia condicionada de recursos (TCR) tienen como objetivo reducir la pobreza con programas de asistencia social condicionados a las acciones de los receptores, siempre y cuando sean bien implementados, no caigan en usos proselitistas ni en desvíos lamentables por falta de un buen control. Emprendimientos como Pytyvõ demostraron que la asistencia monetaria directa a las familias humildes es una mejor solución que el reparto de víveres.

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