Interior

Vecinos de Puerto Pinasco temen perder sus tierras

 

Los vecinos de la comunidad Domingo Savio conocida también como Tres Ramales, de Puerto Pinasco, Departamento de Presidente Hayes, mantienen un litigio con la empresa uruguaya Cattler Trading Corporation SA, que les ganó en un juicio de interdicto de retener la obra en el Juzgado de Primera Instancia de Presidente Hayes. Son 17 familias afectadas y temen perder sus casas luego de décadas de ocupación, además de su ganado, animales menores y todo lo plantado y clavado que tienen.

Uno de los afectados, Isidoro Jara, dijo que tienen la posesión de 40 años de un terreno que al principio pertenecía a unos ciudadanos belgas que luego retornaron a su país, y les permitió el usufructo de la parcela; vivieron mucho tiempo tranquilos, pero en “2006 apareció como dueño el ex senador liberal Modesto Guggiari y comenzó la pesadilla, somos avasallados totalmente en nuestros derechos”, asegura.

Mencionan que pasaron muchas penurias en la tierra y tienen sus dudas de cómo logro adquirir el inmueble el ex senador, que después vendió a los uruguayos que les amenaza con desplazarlos.

“Con el anterior dueño pasamos muy mal, hasta firmábamos contratos que no se cumplieron, donación de tierras que no se efectivizó. Para permanecer en el sitio abonábamos un precio al igual que por pastaje de ganados, si no teníamos plata teníamos que dar nuestra vaca a cambio o de lo contrario se nos echaba”, recuerdan.

Juicio. Con el ingreso de la empresa uruguaya iniciaron un litigio donde perdieron el juicio de interdicto que plantearon ante el Juzgado de Primera Instancia de Villa Hayes. Apelaron y debe resolverse en la segunda instancia, indicó el abogado Alberto Castillo.

Los humildes pobladores antes nunca hicieron denuncias de los atropellos que sufrieron, ya que no sabían dónde recurrir, pero ahora reclaman 3.000 hectáreas del lugar, que aseguran que por derecho de posesión les pertenece.

La comunidad está lejos de la urbe, a 28 km de Puerto Pinasco; se llega solamente por vía fluvial, luego se tiene que recorrer un camino estrecho con barros.

Cuentan con una escuelita y una capilla, tiene precario servicio de energía eléctrica, no tiene agua potable –consumen líquido del tajamar–, y señal de telefonía, tienen colgando sus aparatos del techo de sus chozas para agarrar cobertura.

Los vecinos piden que alguna autoridad se interese por su lucha, porque aseguran estar en desventaja de sus adversarios que tiene poder económico e influencias políticas para ganarles un juicio y despojarles de sus pertenencias.

Los pobladores cuentan que la empresa también echa árboles del monte que antes usufructuaban, destrozan sus alambrados y les tiran sus ganados en la calle, que se van perdiendo, ya que no logran arrearlos y son víctimas de abigeos, como es el caso de Amado Noguera, que antes tenía 100 cabezas de vacas y ahora apenas tiene 10 y le tiene desesperado, porque de ella depende el estudio académico de sus hijos.

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